¿Cuál Es El Mejor Momento Para Promover Tu Negocio?

¿Cuál Es El Mejor Momento Para Promover Tu Negocio?

¿Cuál Es El Mejor Momento Para Promover Tu Negocio? - Joel Pinto Romero¿Has escuchado alguna vez “Estamos de bajón en ventas, necesitamos hacer algo de publicidad para subirlas porque si no, no sé qué vamos a hacer”?

¿O quizás algo como “no tenemos presupuesto para hacer promoción, pero necesitamos hacer algo”, o en algunos casos también habrás podido escuchar frases como “no tenemos dinero para contratar a nadie más, pero nos hace falta alguien que venda para mejorar los números”.

Todas estas frases, y algunas más que quizás tú puedas traer a la memoria, reflejan un fondo común: Necesitas hacer algo para promover tu negocio, pero no tienes dinero para hacerlo.

Con demasiada frecuencia ocurre que los dueños de empresa comienzan a pensar en las cosas que podrían poner en marcha para desarrollar sus negocios cuando las ventas se vienen a pique o cuando la economía no les muestra su mejor cara, porque a fin de cuentas, cuando el negocio está marchando sobre ruedas y los clientes compran tus productos todos los días sin mayores esfuerzos de tu parte, ¿para qué te hace falta la promoción?

¿Recuerdas la fábula de la “Cigarra y la Hormiga”, de La Fontaine? Por si acaso, aquí te dejo una adaptación para refrescar tu memoria:

Un caluroso verano, una cigarra cantaba sin parar debajo de un árbol. No tenía ganas de trabajar; sólo quería disfrutar del sol y cantar, cantar y cantar. Un día pasó por allí una hormiga que llevaba a cuestas un grano de trigo muy grande. La cigarra se burló de ella:

 

“¿Adónde vas con tanto peso? ¡Con el buen día que hace, con tanto calor! Se está mucho mejor aquí, a la sombra, cantando y jugando. Estás haciendo el tonto, ji, ji, ji”, se rió la cigarra, “No sabes divertirte…”

 

La hormiga no hizo caso y siguió su camino silenciosa y fatigada; pasó todo el verano trabajando y almacenando provisiones para el invierno. Cada vez que veía a la cigarra, ésta se reía y le cantaba alguna canción burlona:

 

“¡Qué risa me dan las hormigas cuando van a trabajar! ¡Qué risa me dan las hormigas porque no pueden jugar!.” Así pasó el verano y llegó el frío. La hormiga se metió en su hormiguero calentita, con comida suficiente para pasar todo el invierno, y se dedicó a jugar y estar tranquila.

 

Sin embargo, la cigarra se encontró sin casa y sin comida. No tenía nada para comer y estaba helada de frío. Entonces, se acordó de la hormiga y fue a llamar a su puerta. “Señora hormiga, como sé que en tu granero hay provisiones de sobra, vengo a pedirte que me prestes algo para que pueda vivir este invierno. Ya te lo devolveré cuando me sea posible.”

 

La hormiga escondió las llaves de su granero y respondió enfadada: “¿Crees que voy a prestarte lo que me costó ganar con un trabajo inmenso? ¿Qué has hecho, holgazana, durante el verano?”. La cigarra respondió apenada: “Ya lo sabes, a todo el que pasaba, yo le cantaba alegremente sin parar un momento.”

 

“Pues ahora, yo como tú puedo cantar: ¡Qué risa me dan las hormigas cuando van a trabajar! ¡Qué risa me dan las hormigas porque no pueden jugar!.” Y dicho esto, le cerró la puerta a la cigarra.

 

A partir de entonces, la cigarra aprendió a no reírse de nadie y a trabajar un poquito más.

 

Como siempre, lo importante es poder sacar de esta fábula lecciones que puedas aplicar a la gestión de tu negocio y que te ayuden a llevarlo mejor.

 

Que la autocomplacencia no haga nido en tu corazón durante los tiempos buenos.

 

Es fácil dormirse en los laureles del éxito, dejarnos inundar por una excesiva sensación de seguridad y mucho optimismo cuando las cosas marchan bien, creyendo que las ventas seguirán siempre creciendo y moviéndose hacia adelante sin ningún tipo de obstáculo.

Y aunque ser optimista, tener confianza en tu producto, en la empresa, son siempre actitudes recomendables, esta actitud de autocomplacencia no deja de ser un error, en mayor o menor grado según sea.

Es muy fácil que te quedes acomodado en tu sillón cuando los resultados son buenos y el dinero no es algo que te preocupe.

Justamente son los tiempos buenos, los tiempos en los que el dinero fluye sin mayores contratiempos, los que te permiten hacer – por lo menos – dos cosas:

  • Hacer tu trabajo sin tener el miedo de pensar en qué le podría pasar a tu negocio al dia siguiente si las cosas no mejoran. La hormiguita en la fábula trabajaba día tras día, mientras la confiada cigarra se dedicaba a cantar.
  • Tener dinero suficiente para la operación diaria de tu negocio y poder crear un fondo que te permita hacerle frente a los malos tiempos, si acaso llegaran. La hormiga en la fábula no sólo estaba recogiendo semillas para el invierno, sino también para alimentarse cada día durante al verano.

¿Por qué no aprovechas entonces la bonanza para promover tu negocio y ahorrar algo de dinero, por si acaso algo imprevisto ocurriera? ¿Por qué hacer cómo la cigarra de la fábula y esperar que llegue el invierno (los tiempos malos) para entonces preocuparte por buscar soluciones a problemas que podrías haber anticipado?

 

Cuando no tienes dinero para pagar, tus opciones son muy limitadas.

 

Comenzando porque no puedes hacer lo que quieres o lo que debes, sino lo que puedes, y esa es una diferencia del cielo a la tierra. No es lo mismo, ni nunca lo será, poder elegir de entre todas las opciones que tienes disponibles aquella que te resulta mejor y que cabe dentro del presupuesto que tienes destinado para ello, a tener que escoger entre las opciones más económicas y, de todas ellas, quedarte con la más barata por necesidad.

No es lo mismo poder evaluar distintas opciones, a tener que escoger la más barata porque no tienes dinero.

Si te fijas en la fábula, la única opción que le cigarra tiene durante el invierno, es tocarle la puerta a la hormiga para pedirle que comparta de lo suyo. No hay grano que recoger porque el suelo está cubierto de nieve y, además, probablemente moriría por el intenso frío.

Si nos venimos a la realidad de tu negocio, no es lo mismo tener dinero suficiente para contratar un vendedor a medio tiempo, brindarle apoyo con una campaña de publicidad local y además contratar a un profesional que te haga algo en redes sociales, a tener que llamar al hijo del primo-hermano de tu vecino, para que te haga todas las mismas cosas por los cuatro centavos que tienes.

¿Ves la diferencia?

 

La falta de dinero te obliga a tomar decisiones desesperadas.

 

Si te estás muriendo de hambre, hasta un pedazo de pan duro con un vaso de agua te sacia. Cuando llegas a una situación extrema, no te preocupas ya por la calidad del alimento que consumes ni si a tu cuerpo le viene bien o no. Tú estás desesperado por saciar tu hambre lo más pronto que sea posible, y nada más.

Igual ocurre en tu negocio cuando lo que priva es la necesidad de obtener resultados inmediatos (saciar el hambre) y vender más para salir de una situación apretada: no tienes tiempo de pensar a largo plazo (calidad e idoneidad de la comida), sino en el día de hoy (vaso de agua y mendrugo de pan).

La presión por obtener resultados inmediatos obstaculiza por completo la toma de decisiones efectiva.

Y me atrevería a decir que en la mayoría de los casos esta toma de decisiones apresurada, efectista y bajo presión suele ser más mala que buena, porque te empuja a hacer cosas que probablemente no harías si tal presión no existiera.

Uno de esos casos es, por ejemplo, la tendencia de muchos emprendedores a ofrecer descuentos en los precios de sus productos cuando las cosas van mal, con la esperanza de que estas ofertas produzcan un aumento importante en las ventas.

Generalmente ocurre que el incremento en las ventas no es tal y además, al estar los precios reducidos, se reduce también la ganancia por cada producto vendido, con lo cual la decisión de rebajar los precios no solamente daña la imagen del producto sino que no te ayuda a resolver el problema que tenías inicialmente.

En todo caso, me gustaría que esta fuese una de esas reflexiones que guardarás como un tesoro en tu repertorio emprendedor:

“Sigue el ejemplo de la hormiguita en la fábula y promueve tu negocio durante los tiempos buenos. Así cuando lleguen los bajones, podrás sentarte tranquilito dentro de tu oficina a tomar buenas y planificadas decisiones.”

 

Crédito fotografía: Gerald Kelley / shayd johnson en Unsplash

 

Artículos que te recomiendo leer en este blog para completar la lectura de hoy:
Planificación Estratégica: La diferencia entre deseos y metas.
El desafío de nuestros días: De la abundancia a la escasez.

¿Sabes cómo Recuperarte de una Caída en las Ventas de tu Negocio?

¿Sabes cómo Recuperarte de una Caída en las Ventas de tu Negocio? - Joel Pinto RomeroLlevar adelante un negocio es definitivamente un reto muy particular, y uno que está cargado de emociones, muchas veces emociones muy intensas.

Una de ellas es la angustia que experimentas cuando te das cuenta que tus ventas están disminuyendo progresivamente, y que puede llegar a superar tus fuerzas con mucha facilidad y hundirte en un estado de ansiedad muy profundo, por mucha experiencia que puedas tener o por muy preparado que puedas estar.

¡Es una sensación realmente sobrecogedora!

Sin embargo, como todas las cosas en los negocios, es muy posible levantar el vuelo nuevamente y superar esta caída, una vez que has identificado el problema, sacudes la cabeza un par de veces y te pones nuevamente de pie.

 

Lleva el control de tus números de la forma más precisa.

 

Este es el primer consejo que vas a recibir siempre:

Lleva el control de tus números con precisión. 

¿Has tropezado alguna vez en la calle y te has caído?, ¿recuerdas cómo ocurrió? Primero tropiezan tus pies, trastabilleas, luego pierdes el balance en general, tus brazos tratan de buscar algo de que agarrarse para no caer y finalmente, plum…. estás plano, tumbado en el piso (¡Dios quiera que no lo haya visto mucha gente!)

Pues una caída en las ventas ocurre de la misma manera: comienza poco a poco, primero no te lo puedes creer, luego te preguntas que está pasando y ya, cuando es muy tarde, la caída se ha producido y va a una velocidad enorme.

Bien sea si se trata de tus ventas personales, o de las ventas de tu tienda, o las de tu empresa, debes llevar un control eficiente y detallado de tus números, y revisarlos con frecuencia, de forma que puedas detectar en cualquier momento una tendencia que indique el “comienzo de la caída”, o que “algo no anda bien” y no esperar cuando estés boca abajo en el piso.

Al igual como hacemos con cualquier enfermedad, tomamos (o deberíamos tomar) la medicina cuando comenzamos a experimentar ciertos síntomas de malestar, no cuando estamos ya de emergencia para el hospital.

 

¿Que ya tus ventas van en caída libre y quieres recuperarlas?

 

La recuperación de una caída de ventas puede lograrse con toda facilidad, y puede hacerse usualmente de una forma rápida, si puedes mantener tu mente en calma y concentrada en hacer lo que tienes que hacer, y no en seguir lamentándote por tu situación.

Un Plan de Acción + Actitud Positiva + Mucho Empuje

Para ello necesitas tres cosas: tener un plan de acción, una actitud positiva y el empuje para hacer que las cosas se hagan.

 

Concéntrate en cerrar las ventas más sencillas:

 

  • Concéntrate en vender los productos que más se venden y que son siempre los mejor valorados.
  • Haz una lista e identifica aquellos clientes con los que tienes la mejor relación y a los cuales puedes incentivar a que compren más, de una manera más sencilla. Identifica también aquellas propuestas que están más cercanas a la toma de decisiones y concéntrate en hacer todo lo posible por cerrarlas y que el negocio sea para ti.
  • No busques en este momento las ventas a largo plazo. Las que necesitas son las que se van a hacer en los próximos días, semanas o incluso un par de meses, nada más.

 

Busca personas que te critiquen abierta y honestamente.

 

En este momento necesitas saber qué es lo que estás haciendo mal, bien sea a nivel de producto, empresa o incluso personal. Necesitas saber que es lo que está ocurriendo que está haciendo que tus clientes no compren, o que no te compren tanto como lo hacían antes.

Pudiera ser una situación general del mercado, con lo cual tienes ya una excusa, pero pudiera ser también un problema único tuyo y de tu negocio. Necesitas saberlo, y para ello, no vale la autocrítica, necesitas conocerlo de las personas que están a tu alrededor: colaboradores, proveedores, clientes y relacionados.

De sus críticas podrás aprender qué cosas se pueden mejorar tanto en tu producto como en los servicios que ofreces. Recuerda: No busques la crítica de tu madre o de tu compañero sentimental, esas críticas estarán parcializadas y no te servirán.

 

Concentra ahora tus esfuerzos en mejorarlo todo.

 

Ya teniendo una idea más o menos clara de las razones que hicieron que tus ventas comenzaran a venirse al piso, puedes concentrar tus esfuerzos y energías en hacer todo lo necesario para mejorar lo que hay que mejorar.

Si es un producto disfuncional, tienes que eliminarlo de tu línea o mejorarlo efectivamente; si es la publicidad que está mal orientada, tienes que hacerte cargo de ello; si eres tú mismo que necesitas profundizar en tu formación como vendedor, pues tendrás que ocuparte de eso.

Este es el momento de hacer que las cosas ocurran. Ya sabes que la sensación de ver tus ventas caer es muy desagradable y, probablemente, no querrás experimentarla de nuevo, por lo que a partir de este momento es una cuestión de establecer un sólido compromiso de tu parte y no dejar que ocurra de nuevo, y si llegara a ocurrir, responder con más celeridad.

 

Y una última cosa: Deja de culparte o de buscar culpables.

 

Los mercados son entornos los suficientemente dinámicos como para que tenga alguna utilidad el buscar un culpable o alguien a quién echarle la culpa por la caída de las ventas de tu negocio. Eso simplemente te desgasta y te quita energía que necesitas para otras cosas.

Es realmente indiferente quién o qué tenga la responsabilidad. Lo importante es concentrarse en solventar la situación lo más pronto posible. A ti te toca asumir la responsabilidad que tienes como propietario del negocio y la responsabilidad que tienes con tu bolsillo y el de tus accionistas.

Remángate y ponte a enderezar el entuerto e impulsar esos números nuevamente hacia el lado positivo.

 

Crédito foto: hyrons / 123RF Stock Photo

 

Artículo relacionado en este blog:
¿Cómo Hacer Un Plan de Ventas Para Tu Empresa?

 

Tu Proyecto Personal en 7 Pasos: ¿Por Qué Debes Tener Un Plan “B”?

Tu Proyecto Personal en 7 Pasos: ¿Por Qué Debes Tener Un Plan “B”? - Joel Pinto RomeroPuede ocurrir con frecuencia que al tratar de explicar a alguien el concepto de “Marca Personal” y el cómo el desarrollar una marca personal fuerte puede aumentar las posibilidades de conseguir un mejor trabajo con una mejor remuneración, nos encontremos con respuestas tales como:

Eso de las marcas es solamente para las grandes empresas” o el que te dice “Yo no soy un producto que necesita venderse” y otras muchas.

Todas más o menos girando alrededor de lo mismo: “Los profesionales no necesitamos tener una marca personal”

Y, pensando en ello, decidí enfocar el tema desde un punto de vista diferente: La necesidad de tener un plan “B”, algo que seguramente te resultará más familiar.

Los que me conocen, saben que soy una persona positiva, emprendedora y echada hacia adelante, y veo con muchísima preocupación como, día a día, me encuentro con más y más compañeros que, luego de haber dedicado gran parte de sus vidas a una empresa particular, llámalo trabajando para un tercero o haciendo las labores del hogar, se encuentran en la necesidad de buscarse la vida, conseguirse un trabajo nuevo y no tienen ni la más remota idea de por dónde deben comenzar.

 

Dicen que los mejores gerentes, nos preparamos para lo inesperado.

 

Y es algo que también funciona para cualquier ámbito de nuestra vida, sea profesional, personal, familiar o de pareja. Pero eso es otra historia.

En todo caso, en muchos artículos dirigidos a emprendedores como tú y yo, se hace énfasis en el hecho de que debes perseverar hasta alcanzar tus metas, que no podemos desistir nunca de luchar por aquello que tanto deseamos e incluso se hace referencia al hecho de que tener un “plan de respaldo” (el famoso “Plan B”) significa que realmente no estás comprometido al cien por ciento, con lo que estás haciendo, y eso no es correcto.

Por lo menos, no desde mi punto de vista.

Solamente si pudiéramos controlar absolutamente todas las cosas que ocurren en nuestra vida, podríamos tener la completa seguridad de que nuestro negocio va a ser un éxito total, o que nunca nos van a despedir de esa empresa para la cual hemos estado trabajando durante los últimos veinte años, o (como fue en el caso de mi madre, por ejemplo) que nunca pensó que mi papá iba a morir a la edad que murió, y no estaba preparada para hacerse ella cargo de todas sus cosas tan repentinamente.

Sin embargo, la vida, una y otra vez, nos demuestra que ni en los negocios, ni en la vida profesional o personal, todas las cosas suceden según nuestra voluntad. Es por ello que resulta tan importante la planificación de escenarios, en todos los ámbitos de la vida, y sobre todo en el profesional.

Si reconoces que no todas las cosas están en tus manos y que, por razones ajenas a tu voluntad, la empresa para la cual trabajas puede decidir mañana prescindir de tus servicios profesionales, es decir, dejarte en la calle, entonces reconocerás que es un escenario para el cual mejor te vale tener opciones.

 

¿Cuándo te das cuenta que te hacía falta tener un plan “B”?

 

Lamentablemente, cuando te hace falta. Es lo normal. Tu mismo podrías estar ahora pasando por una situación laboral en la que sería recomendable que comenzaras a desarrollar tu plan “B”.

Obviamente, resulta mucho más cómodo y menos estresante, pensar que vas a durar en el mismo puesto de trabajo toda la vida. ¿Total? Si después de todo eres un empleado excelente, siempre cumples tus objetivos y te dejas la piel por impulsar el crecimiento de la empresa.

No permitas que la comodidad se convierta en tu compañero de escritorio, y dirija tu vida. No permitas que un buen sueldo y un buen cargo, te nublen la vista y te hagan pensar que dicha situación durará para siempre, porque pudiera no ser así. No todo está en tus manos.

Recuerda que un positivismo excesivo sin una dosis equivalente de realismo, se convierte en fanatismo, y eso no es bueno para ti ni para nadie. Yo soy una persona profundamente positiva, pero también realista, y creo que he tenido la capacidad de planificar adecuadamente para los escenarios que me ha tocado vivir.

Y justamente de eso se trata: Un positivismo realista o, si te gusta más, un realismo siempre optimista.

 

¿Cómo puedes comenzar a desarrollar ese plan “B”?

 

Por supuesto que la primera pregunta a la que le tienes que dar respuesta es si te gusta o no lo que estás haciendo ahora en tu vida profesional.

Si te sientes muy cómodo en tu área profesional, y es a lo que te quisieras dedicar para el resto de tu vida, los pasos que debes seguir resultan sumamente sencillos:

  1. Profundiza en tu preparación profesional: No dejes de aprender nunca. Siempre surgen temas nuevos, áreas en las que vale la pena incursionar y desarrollarse. Fíjate, por ejemplo, que para mí, el tema de las redes sociales y el marketing digital ha sido una extensión de mi formación profesional como especialista en marketing y publicidad. Llámalos post-grados, cursos de especialización, masters, el nombre que tu quieras, nunca dejes de aprender.
  2. Desarrolla una profunda red de contactos en tu entorno laboral y profesional: Relaciónate con tus clientes más allá de lo que tu trabajo te obliga, con tus proveedores, tus relacionados, con gente de tu sector y, ¿por qué no?, con gente de otros sectores similares o relacionados.
  3. Participa en grupos de discusión, charlas, foros y todas las oportunidades que tengas para darte a conocer como profesional, para que el mundo conozca lo que tu sabes acerca de tu área, para que te ganes ese reconocimiento y autoridad que tu experiencia te permite tener.
  4. Nunca te cierres a escuchar otras oportunidades: Y aún cuando no estés formalmente buscando un trabajo, también es bueno saber cuánto están pagando otras empresas por un puesto como el tuyo. ¿Quién quita? A lo mejor podrías estar ganando el doble de lo que ganas ahora, y tú no te has enterado todavía.
  5. Si te gusta escribir, hazte un blog: y conviértelo en un espacio para aportar valor a la sociedad y al mundo, para ayudar a resolver problemas de otros, para demostrar tu experiencia y tu “know-how” en tu ámbito profesional.
  6. Si no te gusta escribir, pero te gusta opinar: Participa en portales digitales dedicados a temas de tu interés, opina en los blogs de otros, aporta lo mejor de tus conocimientos y de tu propia experiencia, deja que tu propio entorno sepa que existes y que tienes mucho que aportar.

Si por el contrario, no te gusta tu trabajo, no te sientes identificado con lo que estás haciendo ahora, ni con tu área profesional o simplemente sientes que te hace falta un cambio de rumbo y quieras intentarlo en otro entorno, pues entonces, primero que nada, define qué es eso que quieres hacer.

Asegúrate que  sea algo que te apasiona, algo en lo que te guste invertir horas y horas de tu tiempo sin descanso, algo en lo que puedas ser muy bueno o incluso, uno de los mejores.

Una vez que hayas descubierto ese algo a lo que quisieras dedicarte si te hiciera falta poner en marcha tu plan “B”, en caso de que las cosas no vayan según lo planeado, sigue entonces todas las recomendaciones que incluí para ti en la lista anterior.

Y sin darte cuenta, estarás desarrollando de una manera muy sencilla tu plan “B” y, al mismo tiempo, tu propia “marca personal”.

¿Te fijaste que sencillo es?

 

Artículos recomendados en este blog:
Planificación de Escenarios: No Te Encierres En Un Callejón Sin Salida.
Estrategia de Marca Personal: Un caso práctico.

 

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