Correspondencia e influencia: ¿Por qué compartimos contenidos?

¿Por qué compartimos contenidos? - Joel Pinto RomeroEn un artículo reciente, comentaba contigo el tema de la viralidad, reflexionando acerca del hecho de que la viralidad debe comenzar por un impacto emocional profundo, de esos que dejan huella y son recordados por un buen tiempo.

Preparando dicho artículo pensaba también acerca del qué nos hace compartir y relacionarnos cercanamente dentro de este entorno digital, e incluso fuera de él.

¿Cuáles son esas razones que nos empujan a hacer clic en un botón “compartir” o “reenviar” un contenido específico?

En mi opinión, y luego de fijarme muy de cerca en las razones que me mueven a mí a compartir y la forma en que comparten algunos de mis amigos en redes sociales, creo que existen dos elementos fundamentales: la correspondencia y la influencia.

 

Correspondencia: Una mano lava la otra y entre las dos lavan la cara.

 

Obviamente, la primera razón para compartir es la correspondencia. Tu y yo estamos conectados. Yo leo lo que tu escribes, tú lees lo que yo escribo. Tu me apoyas, yo te apoyo. Es una relación de mutuo compartir que, obviamente, va un poco más allá del simple hecho de reenviar o hacer clic en un botón.

Cuando hay correspondencia, tienes del otro lado una persona que es capaz de acercarse a tí para decirte que ese último artículo que publicaste no estuvo tan bueno, que tuviste un par de errores ortográficos (o más) o que simplemente lo que dices no tiene sentido.

De la misma manera, tú te sientes relacionado con esa persona de un forma tal que estás comprometido con su proyecto, con su crecimiento y desarrollo profesional, y quizás hasta personal.

Para mí, cuando hay correspondencia se desarrollan relaciones muy gratificantes y agradables, y que tienden a perdurar en el tiempo. Son dos personas que están interesadas de manera genuina en el otro.

 

Influencia y la aportación real de valor.

 

Del otro lado está la influencia. Existen bloggeros cuyos artículos comparto con regularidad, sencillamente porque siento que añaden una cantidad extraordinaria de valor a través del contenido que publican.

Son algo así como “mis referentes” que, aún cuando no existe una relación de correspondencia – por ejemplo, que no comparten o re-envían lo que yo escribo – me siento profundamente identificado con sus ideas y opiniones, y siento que las mismas son lo suficientemente valiosas y relevantes como para compartirlas contigo y con las personas con las que estoy relacionado.

Cuando comparto porque el autor es una persona que influye positivamente en mí, lo estoy haciendo inicialmente por mi propio crecimiento y desarrollo personal y profesional. Leí el artículo en cuestión, siento que debería aplicarlo en mi vida, siento que me sirve para algo personal o profesionalmente, que aporta valor para mí.

Y desde esa confianza, estoy seguro de que “si es nutritivo para mí, debe también serlo para ti”.

Es un tipo de relación en donde lo importante es el aprendizaje, el crecimiento y la aportación de valor real. Ya no solamente se trata de compartir porque me siento identificado y comprometido con el autor y su proyecto, sino porque lo que dicha persona escribe o publica, resuena profundamente dentro de mí.

En cualquiera de los dos casos, sea por correspondencia o por influencia, sigue siendo fundamental el aporte de valor, bien sea para la relación entre dos personas, como en el caso de la correspondencia, o para que un individuo cualquiera pueda beneficiarse de esta grandioso universo que llamamos “inteligencia colectiva” y con el cual colaboramos todos.

A ti, ¿qué otras razones se te ocurren que te inviten a compartir?

 

 

Artículo relacionado: La Viralidad comienza por un impacto emocional.

 

La Viralidad comienza con el Impacto Emocional.

La Viralidad comienza con el Impacto Emocional - Joel Pinto RomeroRegularmente aparecen en la web artículos que reclaman haber conseguido la fórmula mágica para lograr que el contenido que publicas se propague viralmente, alcanza millones de clics en segundos, se convierta en trending topic, y haga que la persona que lo publicó se convierta en millonaria de un dia para otro y sea una celebridad instantánea.

Algunos otros no claman haber conseguido dicha fórmula, pero si describen una serie de pasos que debes cumplir para que la viralidad se convierta en una realidad, casi en un fenómeno controlable.

Ojalá fuera así y dicha fórmula existiese. La vida y los negocios de muchas personas con extraordinarias intenciones e ideas definitivamente sería mejor.

 

La viralidad desde mi punto de vista personal.

 

Primero, debemos definir que se entiende por “viralidad”.

“Viralidad” se entiende como el proceso de autorreplicación o difusión de un contenido de manera análoga a la expansión de un virus informático, a través de medios que pueden ser electrónicos o no. La viralidad puede ser positiva o negativa.

Hablando en corto, para que un contenido sea viral, debe ser lo suficientemente relevante como para que sea compartido por muchas personas en poco tiempo. Fíjate que la definición del término no garantiza que la viralidad sea siempre positiva, al contrario, puede ser igualmente negativa.

Hace pocos días tuve la oportunidad de experimentar en mi mismo lo que se llama “viralidad”. Navegando por Internet, leyendo artículos de marketing y esas cosas, me tropecé con dos vídeos que me llegaron directamente al corazón.

Uno me impactó profundamente porque se trata del “Proyecto Perdonar” (Project Forgiveness) que se basa en la historia de un padre que tuvo la valentía y el coraje de perdonar públicamente al conductor ebrio responsable de la muerte de su esposa e hijos en un accidente de tránsito.

El otro es una campaña de publicidad titulada “Una dramática sorpresa en una plaza tranquila” (A Dramatic Surprise on a Quiet Square) y que es simplemente un spot publicitario, un vídeo promocional, de una cadena de televisión pero que es extraordinariamente bueno.

 

La viralidad comenzó por el impacto emocional.

 

En ambos casos, el denominador común fue la emoción. Ambos vídeos me tocaron profundamente. El primero me hizo llorar, el segundo me hizo reir hasta más no poder.

Tanto me impactaron que inmediatamente sentí la necesidad de compartirlos, porque me habían parecido tan, pero tan buenos que simplemente tenía que asegurarme que mis amigos, contactos, relacionados y familiares se enterarán de ello.

Fíjate que no estoy hablando en este punto de que sabía si el contenido era viral o no, ni si se había (o se iba) a convertir en un trending topic o no. A mí lo único que me importaba en ese momento era compartirlo, porque me parecía un contenido lo suficientemente bueno como para pasarlo a otras personas, y no solamente pasarlo, sino recomendarlo ampliamente.

Si no me hubiera sentido tan profundamente impactado emocionalmente, no habría tenido ese deseo de compartir que me inundó y me sobrepasó.

 

La viralidad no es controlable ni se puede garantizar que va a ser positiva.

 

Nadie pudo haber controlado de manera alguna las emociones que yo sentí, porque fueron mías. Y dichas emociones fueron originadas por la calidad del contenido nada más, y no por otra cosa.

Por eso, cuando hablan de formas, estrategias y consejos para garantizar la creación de campañas virales, lo único que puedo decirte o recomendarte es que todo debe comenzar por un impacto emocional profundo, genuino, de verdad.

Si intentas fingirlo, seguramente no lo lograrás, pero si lo haces realmente de corazón, con sensibilidad, apelando a las emociones y no a la razón, cosas bien interesantes pueden ocurrir.

 

 

Artículo relacionado: Por algo lo llaman Social Media.

 

Social Media: No te detengas en el medio.

Social Media: No te detengas en el medio - Joel Pinto RomeroHay una historia que habla de un club de fútbol americano que estaba pasando por una racha extraordinariamente mala, en la que todo les salía como no debía ser: no ganaban partidos, no estaban de buen ánimo, no lograban hacer las jugadas elementales. En fin, todo un desastre.

Ante una situación tan difícil, y luego de culminar uno de los partidos que perdieron más escandalosamente, el coach reunió a toda su plantilla en el vestuario, les pidió que respiraran profundo, que se tranquilizaran.

Tomó el balón en sus manos, lo miró fijamente y, levantándolo en alto, comenzó diciéndoles: “Señores, volvamos al principio. Esto es… un balón de fútbol”.

Era necesario, en ese momento, comenzar por el principio, por el concepto básico.

 

El mercado son empresas + productos + consumidores.

 

En un entorno tan dinámico, que se mueve a una velocidad tan impresionante, donde abundan las herramientas, las opciones, las posibilidades, es fácil detenerse en el camino a oler las flores y distraerse con esa nueva aplicación que recién está saliendo del horno, nuevecita de paquete y con tantas prestaciones. ¿Te ha pasado alguna vez?

Seguramente has escuchado hasta el cansancio la historia del niño que se extravió en el bosque y no pudo volver a casa, ¿no?

En momentos como los que vivimos hoy en día, donde cada día surge una herramienta digital nueva, vale la pena recordar un concepto fundamental de marketing y negocios: el ciclo comercial esta formado por una empresa que genera un producto o servicio para el uso de un consumidor a cambio de una prestación que generalmente es dinero.

¡No hay nada más!

Todas las demás consideraciones que puedas hacer, giran en torno a este concepto fundamental. Si falta uno de estos elementos, el mercado como tal no existe. Haz la prueba.

Imagínate por un momento que no existe la empresa. ¿Quién desarrolla el producto? Seguramente me dirás: “Pues a alguien se le ocurrirá”. Y te diré que sí, y también te diré que, en ese momento, esa persona ha tomado el lugar de “la empresa”.

 

Con las nuevas herramientas en redes sociales, no te detengas en el medio.

 

¿De qué va el tema hoy? El marketing en redes sociales existe para conectarnos con un cliente de manera digital y extraordinaria, y con objetivos específicos, bien sea vender, relacionarnos, o cualquier otro que tu escojas. De nuevo, sigue siendo marketing pero en un entorno digital y social.

En este entorno social en el que hemos decidido encontrarnos con nuestro cliente, hay muchos árboles preciosos, grandes y frondosos.

Cada uno de ellos representan una herramienta en Redes Sociales, tanto las viejas como las que han aparecido más recientemente. Muchos de estos árboles son tan llamativos que es difícil no extraviarse en sus bondades y olvidar que estamos en este bosque para encontrarnos con nuestro cliente.

No debes perder el centro. Tu objetivo no es detenerte a oler flores, ni ver cada árbol, ni cada herramienta individualmente, sino encontrar a tu cliente.

Si los árboles están distrayendo tu atención más de lo debido, impidiendo que veas donde está tu cliente, es hora de replantearse algunas cosas y comenzar de nuevo.

El oro de las redes sociales, sea cual sea la plataforma de tu elección, es la maravillosa oportunidad que te ofrecen de relacionarte con tu cliente de una manera nunca antes vista, sin límites de horario, espacio físico ni distancias geográficas.

 

Convierte los árboles en puentes que te conecten con tu cliente.

 

Aprovecha al máximo las bondades que te ofrece cada árbol, bien sea facebook, Google+, twitter, Pinterest, Blogger, WordPress, Foursquare, Linkedin o cualquier especie que sea para establecer un vínculo de unión con tu cliente, con tu audiencia, que a fin de cuentas fue la razón por la que decidiste venir a este bosque llamado “redes sociales”.

No te detengas en el medio. Construyendo puentes de conexión con tu audiencia, estarás orientando tus esfuerzos al logro del objetivo que te trajo aquí y obteniendo para tu empresa el mayor de los beneficios de tu plan de marketing social.

¿Qué te parece? ¿Lo ponemos en marcha y nos conectamos?

 

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