“No Te Pago Para Que Pienses, Sino Para Que Trabajes”

“No Te Pago Para Que Pienses, Sino Para Que Trabajes”

En los días recientes me crucé con una foto que tuvo para mí un impacto inmediato.

Supuse que era un chiste que alguien se había inventado para hacerse famoso en Internet, como suele ocurrir y, aunque no pude confirmar su origen, pareciera ser cierta porque fue publicada en un artículo del diario digital “El Correo”, en Febrero del 2015, bajo el titular “Se busca empleada que no sepa hacer nada, pero que obedezca”

Y es que aunque esta oferta de trabajo sea tan sólo un chiste, no deja de esconder una política de contratación de personal que ha persistido en muchas empresas, durante muchos años: los jefes que quieren rodearse de empleados que simplemente obedezcan todas y cada una de las instrucciones que reciban, sin chistar, sin opinar.

¿Quién necesita tener un cerebro o un título profesional para trabajar en un entorno donde no le exigen pensar sino obedecer?

En un artículo que publiqué en este blog hace algún tiempo ya, titulado “La Empresa Ególatra: ¿Es La Tuya Una de Ellas?” me refería a esta forma de jefatura, porque ni siquiera reúne las características mínimas necesarias para llamarla “una forma de liderazgo”.

En ese artículo, te recomendaba que “No te rodees nunca de gente aduladora o que siempre te dé la razón: No te ayudarán a crecer.” porque la gente que siempre te da la razón, bien sea porque te están adulando o simplemente porque tú eres el tipo de jefe que “los contrata para que trabajen y no para que piensen”, nunca te harán ver tus errores y, por lo tanto, no tendrán la capacidad para promover cambios positivos en ti, ni en tu empresa.

Las empresas no crecen a costa de sus empleados, sino sobre sus hombros.

Por mucho que tengas empleados estrellas, que hagan su trabajo muy bien, el éxito de tu negocio está basado en el trabajo de equipo. Como ejemplo puedes tomar el recientemente terminado Mundial de Fútbol en Rusia: ¿Pudieron Neymar, Messi y Ronaldo lograr que sus selecciones llegaran hasta el final y lograran el campeonato?

No, porque por muy estrellas que puedan ser, por muchos goles que puedan marcar, nunca podrán reemplazar el resultado que genera el trabajo en equipo.

Es por ello que me cuesta tanto trabajo entender que en una empresa seria se pueda tratar a los empleados simplemente como manos adicionales para hacer cosas, y no como entidades que pueden tener un criterio propio, que pueden aportar ideas diferentes o que pueden ser motores de cambios positivos.

Si exprimes a tus empleados como si fueran naranjas, muy pronto tendrás un saco lleno de cáscaras vacías, que no sirven para nada.

En otro artículo de este blog titulado “El modelo de gestión del saco de naranjas” hablaba justamente de ese modelo de jefatura en el cual cada empleado es sencillamente exprimido con fuerza hasta sacarle el máximo de jugo y luego, como se tiran las cáscaras de la naranja a la basura, así mismo la empresa se deshace del personal que no está teniendo un buen rendimiento o que está agotado.

¿Qué pasa con las semillas de cada naranja? ¿Por qué la empresa no aprovecha todo el potencial de cada empleado para multiplicar el fruto que recibe de ellos?

Las empresas crecen sobre los hombros de sus empleados, no sobre sus restos. Un verdadero líder sabe que sin un equipo eficiente, no es más nada que un solitario. Una empresa líder sabe que potenciar el talento de sus empleados, capacitarlos en aquellas áreas que los pueden hacer más fuertes, brindarles oportunidades reales de crecimiento profesional y económico, son las claves de un desarrollo sostenido, tanto para la empresa como para el propio empleado.

Eso es lo que se llama realmente una situación “win-win” en la que ganan todos.

Contrata a los mejores y déjalos hacer lo que saben hacer.

Esta es una frase que le atribuyen a Warren Buffet, empresario conocido por casi todos en el mundo (supongo).

Y es que cuando cuentas con un equipo de profesionales adecuadamente preparados para hacer su trabajo, que se sienten motivados, respetados y bien tratados, los resultados vendrán solitos sin que tu tengas que estar actuando de jefe controlador.

Al contrario, en ese momento, podrás convertirte en el director de una orquesta que puede tocar una pieza preciosa porque cada uno de sus integrantes está bien capacitado para hacer lo que hace, y que cada una de las áreas operativas de tu negocio estarán funcionando bien.

Igual que ocurre en los equipos deportivos profesionales: los mejores tienen un líder a la cabeza que es capaz de hacer que sus miembros (tanto los estrellas como los que no lo son tanto) funcionen en sintonía y generen resultados asombrosos.

Haz la prueba por un tiempo: No te veas como el jefe que tienen autoridad porque es el que paga las nóminas de sus empleados y que, por lo tanto, estos están obligados a cumplir los deseos de su jefe, cualesquiera que estos sean.

No lo veas de esa manera.

Piensa que cada euro o cada dólar que estás pagando a tus empleados es una inversión que estás haciendo para el crecimiento de tu empresa. 

Piensa que con ese dinero estás adquiriendo talento, conocimiento, experiencia y formación profesional. Que ese es un dinero que te permite cubrir de forma exitosa áreas que para ti son desconocidas. Quizás tu seas un experto ingeniero industrial pero no tienes ni la más mínima destreza en diseño gráfico, por ejemplo, o los temas contables se te atascan de una manera brutal en la cabeza.

Tu empresa no crecerá sobre los restos de tus empleados. No.

Tu empresa crecerá cuando todos sus integrantes remen juntos, con fuerza y con entusiasmo en la misma dirección.

De eso se trata. No vale que sigas pensando que un empleado es simplemente un par de manos más para hacer lo que a ti no te da tiempo de hacer y que, por eso, eres tú y sólo tú el que saber lo que hay que hacer y simplemente necesitas que sigan tus instrucciones.

Lejos de eso. Como decía en mi artículo de la empresa ególatra, rodéate de un equipo profesional, preparado y que sienta que te puede hablar con la suficiente confianza como para criticar de forma constructiva las cosas que ocurren dentro del negocio y ofrecer alternativas para mejorarlas.

Así es como realmente crecen los negocios y se hacen mayores.

 

Crédito fotografía: Rawpixel en Unsplash

Aquí abajo te dejo los artículos que te servirán de complemento a la lectura de este. Que los disfrutes:

La Empresa Ególatra. ¿Es La Tuya Una De Ellas?
El Modelo de Gestión del Saco de Naranjas.
“Se busca empleada que no sepa hacer nada, pero que obedezca.”
Solo el trabajo en equipo hará crecer tu empresa.

“La Empresa Juega Con Las Necesidades De Los Empleados”

“La Empresa Juega Con Las Necesidades De Los Empleados” - Joel Pinto RomeroY esta no es una frase que dije yo. Me la dijo el gerente regional de ventas de una importante multinacional para la cual trabajé hace ya un tiempo.

Pero para que entiendas completamente el sentido de la frase, déjame comentarte el entorno en el que me la dijo.

Unas semanas antes, la empresa había decidido quitarme el coche que me había asignado y con el cual había estado trabajando los últimos años, y se lo asignaron a uno  de mis compañeros.

Obviamente, el mensaje que recibí fue claro: la compañía no estaba contenta conmigo y había decidido presionar de alguna forma, o bien para que renunciara o bien para que aumentara mis números de ventas.

Y por supuesto, al quitarme el coche y siendo que lo que yo estaba haciendo en aquel momento eran ventas puerta a puerta, mi capacidad para moverme de un sitio a otro, incluso para llegar a la oficina para las reuniones de la mañana, se había visto severamente disminuida.

Durante las primeras tres semanas, tuve la suerte de que un querido amigo que se iba de viaje para Miami por ese tiempo, me dejó su coche en calidad de préstamo, y así fue que pude trabajar.

Ya luego que devolví el coche que me habían prestado, decidí rentar uno por una semana para poder seguir trabajando. El chiste me costó algo así como 250 euros, seguro incluido. Al final de la semana, ya estaba claro que así no podía continuar y tomé la decisión de hablar con el gerente en cuestión.

 

¿Qué haces si tu empleado no quiere renunciar, pero tú quieres que se vaya?

 

La lógica y la legalidad indican que si tú como empresa has decidido que un empleado no sirve para lo que le contrataste y quieres despedirlo, debes calcular el dinero que te toca pagarle según lo dice la ley, prepararle el cheque (o transferencia, si así prefieres) y los documentos correspondientes, notificárselo a  tu empleado y listo. Un buen apretón de manos y ya está.

El empleado queda libre para hacer su vida y tú quedas libre para contratar a una persona que pueda hacer el trabajo de forma adecuada.

Lamentablemente la realidad que vivimos hoy en día se aleja de lo que indican la lógica y la legalidad. Tengo muchos amigos que han vivido una situación de este tipo: La empresa ha decidido que quiere echarlos, pero no quiere tener que pagarles lo que indica la ley, sobre todo cuando son esos empleados que tienen muchos años trabajando para la empresa.

¿A qué acciones han recurrido entonces para quitarse de encima las obligaciones económicas que tienen con el empleado, según la Ley?

Recurrir a prácticas ilegítimas para presionar a un empleado a que renuncie, no es solamente ilegal sino deshonesto.

Pues a prácticas que son altamente cuestionables y definitivamente deshonestas, siempre desde mi punto de vista, claro está:

  • Dejar de pagarle a sus empleados las nóminas que les corresponden, con la excusa de que el país está en crisis y todas esas historias.
  • Exigir a los empleados que trabajen muchas más horas de las que habían acordado inicialmente, sin pagarles por ello.
  • Exigir a los empleados que asuman roles dentro de la empresa para los que no se les había contratado inicialmente.
  • Reducir los jornales, las prestaciones o desmejorar las condiciones laborales del empleado.

Te cuento que de estas cuatro cosas que te he mencionado arriba, yo he vivido personalmente dos. Supongo que habrán muchas otras prácticas, aún más cuestionables, pero bueno… el objetivo de este post no es llamar la atención sobre las prácticas, sino hacerte reflexionar un poco acerca de la gran importancia que tienes tú, como empresario, dentro de toda esta historia y como puedes ser un agente de cambio en una sociedad que lo pide a gritos.

 

Es entonces cuando comienzas a jugar con las necesidades de tus empleados.

 

Todo comienza como un chistecito: “Mira, Francisco, tienes que ponerte las pilas, porque en la calle hay muchas personas que harían lo mismo que estás haciendo tú por la mitad de la paga”, o “Lamentablemente no hemos podido pagarte la nómina este mes porque tenemos un cliente que nos falló con un pago”.

O el peor que me ha tocado escuchar, de la boca del gerente regional que te comenté al principio: “La empresa te ofrece 3,000 euros de liquidación. Tu abogado dice que son 6,000. Pues lleva a la empresa a juicio y esperemos a ver que se decide en la Corte”.

El dinero que pagas a tus empleados, debería ser tan sagrado como la fidelidad que les pides tener hacia tu empresa.

Obviamente el llevar a una empresa a la Corte implica un proceso que puede demorar años. La empresa lo sabe y por eso hace lo que hace. El gerente en cuestión continuó con su discurso prepotente y arrogante diciendo: “Tú escoges: Si quieres esperar a que salga el juicio, quién sabe dentro de cuanto tiempo, o si coges tu dinerito ahora, te quedas tranquilo y no peleas.”

Y finalmente, como la guinda del pastel, agregó: “A la empresa le da igual pagarte mil, 5 mil o 10 mil euros. La empresa sabe que tú no puedes esperar y que terminarás aceptando”.

Y es aquí donde quisiera invitarte a reflexionar: ¿Quieres que tu empresa sea reconocida por este tipo de historias? ¿Es esta la imagen que tú quieres crear de tu empresa en la comunidad? ¿La de una empresa que no cumple con las obligaciones económicas que tiene con sus empleados?

A veces, como dice una querida amiga mía, “hay que aprender a darle la vuelta a las cosas y verlas desde otro punto de vista”, ¿qué pasaría entonces si esta situación te tocase vivirla en carne propia? ¿Cómo te sentirías?

Y si te sentirías así, ¿entonces porque esperas que tu empleado se no sienta lo mismo? ¿No resultaría más fácil hacer las cosas bien y dejarle un sabor de boca agradable a todo el mundo?

 

Crédito fotografía: Sergey Nivens

 

Te recomiendo leer los siguientes artículos de este blog, que complementan el tema de hoy:
PyME también se puede escribir con G de Grandeza. 
Responsabilidad Social Corporativa: ¿Comenzamos por el sitio correcto?
Visibilidad: ¿Conocías Esta Nueva Forma De Pago?

Delega y Confía Que Los Otros Puedan Estar a La Altura.

Delega y Confía Que Los Otros Puedan Estar a La Altura - Joel Pinto RomeroLa frase que titula el post de esta semana la leí hace algunos días en un artículo publicado por Susan Steinbrecher en el portal www.soyentrepreneur.net, que se titulaba “5 Reglas de Oro Para Líderes Jóvenes”, que realmente te recomiendo leer y, como siempre, cuyo vínculo te dejo al final de este post.

Delegar responsabilidades en otros y confiar en que pueden (y estarán) a la altura, es una habilidad que debe cultivar y desarrollar todo gerente, dueño de empresa, o persona que tenga el deseo de crear un equipo eficiente y productivo.

De hecho, todo emprendedor llegará al momento en que necesitará echar mano de esta destreza para poder afianzar su crecimiento, sentar bases y seguir desarrollándose.

Es muy difícil que un negocio crezca sobre los hombros y con las fuerzas únicas de su creador inicial, por muy proactiva y eficiente que dicha persona sea.

Pero a lo que voy. Y digo que me llamó muy especialmente la atención, porque justo por esos mismos días, en un grupo que tengo con unos queridísimos amigos en el whatsapp, circulaba la siguiente foto:

 

 

Y aunque con una altísima dosis de sarcasmo, esta frase refleja una realidad que prevalece en muchas empresas: La incapacidad que tienen los “jefes” para delegar efectivamente tareas en sus “supervisados”.

 

Si no puedes confiar en sus capacidades, ¿para qué los contratas?

 

Y voy a comenzar por aquí: La base de toda relación laboral eficiente es que el que contrata tenga la confianza de que la persona contratada tiene las habilidades necesarias para hacer el trabajo de la manera que se espera, ni más ni menos.

Si esto no es así, si dicha confianza no existe: ¿entonces cuál es la razón que motiva la contratación de la persona? ¿para qué le estás pagando un sueldo? ¿por qué es un familiar cercano al que querías darle una mano?

Al contratar a una persona para cualquier área de tu negocio, debes tener la confianza de que está capacitada para hacer el trabajo bien.

Cuando tomas la decisión de contratar personas para tu negocio, lo estás haciendo porque necesitas delegar en alguien la gestión de un área particular de tu empresa, cualquiera que ella sea. Si partimos de este principio, es entonces lógico esperar que la persona que va a ocupar dicho puesto tenga lo mínimo necesario para hacerlo bien, o por lo menos, de la manera que tú lo esperas.

Recuerdo que, entre los procesos de selección de personal en los que he participado, hubo uno en particular en el que el candidato finalmente seleccionado por mi jefe, no tenía las destrezas básicas ni la experiencia profesional que el puesto requería, y aún así, la contratación finalmente se llevó a cabo.

¿Cuál fue el resultado? Cómo te lo podrás imaginar, todo el tiempo invertido en capacitación, supervisión y trabajo de campo monitoreado se fue a la basura porque al seleccionado lo tuvimos que despedir tan sólo unos meses después de haber comenzado a trabajar.

 

“De la manera que se espera” o gestión de expectativas.

 

De la misma manera que es importante contratar a personas que estén capacitadas adecuadamente para el cargo al que se le contrata, también es importante establecer con absoluta claridad lo que se espera de dicha persona una vez que se hace cargo de la tarea.

Hay una frase que me viene a la mente ahora, y que he escuchado un par de veces durante mi carrera profesional: “Nada o húndete” y lamentablemente me tocó vivirla personalmente en el primer “pseudo-trabajo” que tuve en España.

Me contrató (es decir, me pusieron en un período de prueba sin contrato) una pequeña agencia de marketing local para realizar trabajos de gestión de cuentas y captación de clientes nuevos.

Logré hacer una cita para reunirnos con el jefe de publicidad de una entidad gubernamental local, e invité a mi pseudo-jefe para que me acompañara a la visita. La reunión estuvo bien (desde mi punto de vista) y acordamos preparar una propuesta de trabajo.

Unas horas después de haber terminado la reunión, y sin ninguna razón aparente, me encontré con la sorpresa de que mi jefe había anulado mi dirección de correo electrónico de la empresa y me dijo por teléfono que, si quería hacerle seguimiento al cliente que recién habíamos visitado, lo hiciera desde mi cuenta de correo personal.

¿Que ocurrió? Pues nunca lo supe y nunca lo sabré. Había salido de la reunión bien contento por los resultados obtenidos pero, obviamente, para mi pseudo-jefe eso no fue suficiente.

Moraleja: Si tus contratados no saben lo que esperas de ellos, poco podrán hacer para satisfacer tus expectativas.

No esperes que tus empleados adivinen que es lo que se espera de ellos, y tampoco te plantes en la actitud del jefe supremo que espera que de su equipo solamente sean los mejores los que sobrevivan, porque seguramente estarás tirando el talento por la ventana.

“Nada o húndete” no te va a ayudar a desarrollar un equipo ganador. Esto sólo lo lograrás:

  • Contratando a personas capacitadas apropiadamente para el área que la necesitas,
  • Estableciendo con absoluta claridad las cosas que esperas que dicha persona haga y logre, y
  • Ofreciéndole la oportunidad de crecer con tu empresa y motivarlos para que alcancen siempre su mejor rendimiento.

Pon estas recomendaciones en práctica y verás el cambio tan positivo que puede producirse en el rendimiento de las personas que trabajan contigo.

 

 

Este es el artículo que te recomendé leer al principio:
“5 reglas de oro para líderes jóvenes”, escrito por Susan Steinbrecher para Soyentrepreneur

Y en este blog podrás encontrar también un par de artículos relacionados que seguramente te gustará leer:
El Modelo de Gestión del Saco de Naranjas.
El momento de crecer: Cuando no te sirve llevar muchos sombreros.

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