“La Empresa Juega Con Las Necesidades De Los Empleados”

“La Empresa Juega Con Las Necesidades De Los Empleados”

“La Empresa Juega Con Las Necesidades De Los Empleados” - Joel Pinto RomeroY esta no es una frase que dije yo. Me la dijo el gerente regional de ventas de una importante multinacional para la cual trabajé hace ya un tiempo.

Pero para que entiendas completamente el sentido de la frase, déjame comentarte el entorno en el que me la dijo.

Unas semanas antes, la empresa había decidido quitarme el coche que me había asignado y con el cual había estado trabajando los últimos años, y se lo asignaron a uno  de mis compañeros.

Obviamente, el mensaje que recibí fue claro: la compañía no estaba contenta conmigo y había decidido presionar de alguna forma, o bien para que renunciara o bien para que aumentara mis números de ventas.

Y por supuesto, al quitarme el coche y siendo que lo que yo estaba haciendo en aquel momento eran ventas puerta a puerta, mi capacidad para moverme de un sitio a otro, incluso para llegar a la oficina para las reuniones de la mañana, se había visto severamente disminuida.

Durante las primeras tres semanas, tuve la suerte de que un querido amigo que se iba de viaje para Miami por ese tiempo, me dejó su coche en calidad de préstamo, y así fue que pude trabajar.

Ya luego que devolví el coche que me habían prestado, decidí rentar uno por una semana para poder seguir trabajando. El chiste me costó algo así como 250 euros, seguro incluido. Al final de la semana, ya estaba claro que así no podía continuar y tomé la decisión de hablar con el gerente en cuestión.

 

¿Qué haces si tu empleado no quiere renunciar, pero tú quieres que se vaya?

 

La lógica y la legalidad indican que si tú como empresa has decidido que un empleado no sirve para lo que le contrataste y quieres despedirlo, debes calcular el dinero que te toca pagarle según lo dice la ley, prepararle el cheque (o transferencia, si así prefieres) y los documentos correspondientes, notificárselo a  tu empleado y listo. Un buen apretón de manos y ya está.

El empleado queda libre para hacer su vida y tú quedas libre para contratar a una persona que pueda hacer el trabajo de forma adecuada.

Lamentablemente la realidad que vivimos hoy en día se aleja de lo que indican la lógica y la legalidad. Tengo muchos amigos que han vivido una situación de este tipo: La empresa ha decidido que quiere echarlos, pero no quiere tener que pagarles lo que indica la ley, sobre todo cuando son esos empleados que tienen muchos años trabajando para la empresa.

¿A qué acciones han recurrido entonces para quitarse de encima las obligaciones económicas que tienen con el empleado, según la Ley?

Recurrir a prácticas ilegítimas para presionar a un empleado a que renuncie, no es solamente ilegal sino deshonesto.

Pues a prácticas que son altamente cuestionables y definitivamente deshonestas, siempre desde mi punto de vista, claro está:

  • Dejar de pagarle a sus empleados las nóminas que les corresponden, con la excusa de que el país está en crisis y todas esas historias.
  • Exigir a los empleados que trabajen muchas más horas de las que habían acordado inicialmente, sin pagarles por ello.
  • Exigir a los empleados que asuman roles dentro de la empresa para los que no se les había contratado inicialmente.
  • Reducir los jornales, las prestaciones o desmejorar las condiciones laborales del empleado.

Te cuento que de estas cuatro cosas que te he mencionado arriba, yo he vivido personalmente dos. Supongo que habrán muchas otras prácticas, aún más cuestionables, pero bueno… el objetivo de este post no es llamar la atención sobre las prácticas, sino hacerte reflexionar un poco acerca de la gran importancia que tienes tú, como empresario, dentro de toda esta historia y como puedes ser un agente de cambio en una sociedad que lo pide a gritos.

 

Es entonces cuando comienzas a jugar con las necesidades de tus empleados.

 

Todo comienza como un chistecito: “Mira, Francisco, tienes que ponerte las pilas, porque en la calle hay muchas personas que harían lo mismo que estás haciendo tú por la mitad de la paga”, o “Lamentablemente no hemos podido pagarte la nómina este mes porque tenemos un cliente que nos falló con un pago”.

O el peor que me ha tocado escuchar, de la boca del gerente regional que te comenté al principio: “La empresa te ofrece 3,000 euros de liquidación. Tu abogado dice que son 6,000. Pues lleva a la empresa a juicio y esperemos a ver que se decide en la Corte”.

El dinero que pagas a tus empleados, debería ser tan sagrado como la fidelidad que les pides tener hacia tu empresa.

Obviamente el llevar a una empresa a la Corte implica un proceso que puede demorar años. La empresa lo sabe y por eso hace lo que hace. El gerente en cuestión continuó con su discurso prepotente y arrogante diciendo: “Tú escoges: Si quieres esperar a que salga el juicio, quién sabe dentro de cuanto tiempo, o si coges tu dinerito ahora, te quedas tranquilo y no peleas.”

Y finalmente, como la guinda del pastel, agregó: “A la empresa le da igual pagarte mil, 5 mil o 10 mil euros. La empresa sabe que tú no puedes esperar y que terminarás aceptando”.

Y es aquí donde quisiera invitarte a reflexionar: ¿Quieres que tu empresa sea reconocida por este tipo de historias? ¿Es esta la imagen que tú quieres crear de tu empresa en la comunidad? ¿La de una empresa que no cumple con las obligaciones económicas que tiene con sus empleados?

A veces, como dice una querida amiga mía, “hay que aprender a darle la vuelta a las cosas y verlas desde otro punto de vista”, ¿qué pasaría entonces si esta situación te tocase vivirla en carne propia? ¿Cómo te sentirías?

Y si te sentirías así, ¿entonces porque esperas que tu empleado se no sienta lo mismo? ¿No resultaría más fácil hacer las cosas bien y dejarle un sabor de boca agradable a todo el mundo?

 

Crédito fotografía: rawpixel en Unsplash

 

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El Modelo de Gestión del Saco de Naranjas.

El Modelo de Gestión del Saco de Naranjas - Joel Pinto RomeroEn días pasados estuve reflexionando acerca del modelo de gestión de recursos humanos que utilizan algunas empresas para maximizar su rendimiento e incrementar el volumen del negocio y, por mi propia experiencia personal, no pude hacer otra cosa sino pensar en un saco de naranjas.

Sabes que me gusta siempre utilizar palabras sencillas, claras, de las que usamos día a día, para hablar de temas que podrían tratarse de una manera mucho más formal.

Por eso el saco de naranjas, porque seguramente alguna vez en tu vida, has tomado un delicioso zumo recién exprimido o has comido un suculento postre que se prepara con las cáscaras de esta fruta.

Y es justamente por allí por dónde quiero comenzar. Existen, por lo menos, dos formas de gestionar un saco de naranjas, que reflejan claramente el como se hacen las cosas hoy en día en muchas empresas y el cómo pienso yo que deberían hacerse.

 

Comencemos entonces por exprimir naranjas para hacer zumo.

 

En toda familia la forma más sencilla de hacer zumo de naranja es la de tomar las frutas del saco, lavarlas con agua para evitar cosas raras, cortarlas en dos y exprimirles el zumo en un utensilio especial para ello, bien sea el exprimidor tradicional de toda la vida que nos dejaba las manos trituradas, o de los modernos eléctricos.

Exprimimos las naranjas hasta que la fuerza de nuestras manos nos lo permite o hasta que ya no queda más pulpa que exprimir en la fruta. Las semillas se recogen en el filtro del exprimidor y, generalmente, se desechan junto con las cáscaras.

Voilá. Nuestro delicioso zumo está preparado, con toda su carga vitamínica, con todas sus propiedades medicinales, y sobre todo, con su maravilloso sabor.

Hasta ahora, todo bien, ¿verdad?. Compraste naranjas para hacer zumo y ya tu bebida está hecha. Un modelo de gestión tan comúnmente usado, que es difícil ver donde están sus fallas.

 

¿Cómo podemos sacar más provecho a este modelo de gestión?

 

Este modelo de gestión es el que aplican muchas empresas para gestionar a sus empleados y tal vez sea el modelo que tú aplicas en la tuya: Contratas personas para que realicen una labor específica, las exprimes (poco a poco, o hasta más no poder) para obtener de ellas los mejores resultados y una vez la capacidad de esa persona para hacer su trabajo ha disminuido o se ha detenido por completo, la relación laboral termina. Finito.

¿Qué pasa con las cáscaras y las semillas? En muchas casas se aprovechan las cáscaras para hacer postres deliciosos o incluso, en los casos más científicos, para hacer medicamentos, perfumes, cosméticos y hasta biocombustible. Las semillas, pues obviamente, las puedes utilizar para sembrar árboles que te produzcan más naranjas para hacer zumo.

En el caso de las personas, las cáscaras corresponden a todos aquellos talentos escondidos y destrezas adicionales que la persona posee que le pueden permitir desarrollar de manera efectiva más de una actividad, o bien ser promovida dentro de tu propia empresa a un departamento en el que sea más productiva para tu negocio.

Y las semillas son como las ideas que esa persona puede producir para ti, que te permitirían desarrollar cosas nuevas, productos, estrategias, planes, y tantas otras cosas.

 

No te limites a la evaluación por el desempeño de tareas específicas.

 

Las personas son como las naranjas: Todas ellas pueden dar zumo, es decir, pueden desempeñar una labor específica, pero también, como las naranjas, tienen talentos y destrezas adicionales, y producen continuamente ideas que pueden ayudarte a desarrollar tu negocio de manera positiva.

No limites tu modelo de gestión a la evaluación por el desempeño de una tarea solamente. Profundiza en la gestión de tu recurso humano para que puedas descubrir de qué manera puedes potenciar el desarrollo de todo el potencial de cada uno de tus empleados, motiva el crecimiento y la preparación contínua, abre vías para el desarrollo y el compartir de ideas nuevas.

Abre tu mente empresarial para que puedas aprender de todas y cada una de las personas que trabajan contigo hoy, porque tal vez mañana compres un saco de naranjas que no producen tanto zumo, que tienen pocas semillas o cuyas cáscaras son muy duras para sacarles más provecho.

 

 

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Trabajar de Gratis: ¿Cuándo?,¿por qué?,¿por cuánto tiempo?

Trabajar de Gratis: ¿Cuándo?,¿por qué?,¿por cuánto tiempo? - Joel Pinto RomeroEste artículo nace de una reflexión personal luego de seguir una breve polémica que se generó en uno de los grupos de Facebook en los que participo.

Alguien hizo una oferta de trabajo no remunerado a cambio simplemente de la oportunidad de adquirir cierta experiencia en el área y con la promesa de que, una vez el negocio marchara positivamente, el beneficio sería repartido entre los que se animaran a unirse al proyecto.

Como es lo habitual, un tema de este tipo generó una discusión interesante. Por un lado estaban los que no están de acuerdo con una propuesta de este tipo, por otro los que, por haber tenido que pasar por ella, tal vez incluso más de una vez, no la consideran una propuesta fuera de este mundo, y le encuentran algo de sentido.

 

¿Cuándo se justifica trabajar de gratis?

 

La única vez en mi vida que tuve que trabajar de gratis fue cuando hice mi pasantía en una agencia de publicidad en mi país.

Mi pasantía como ejecutivo de cuenta de la agencia duró algunos meses y me permitió adquirir una experiencia valiosa en el funcionamiento de dicho departamento, conocer a otras personas que trabajaban en distintos áreas de la agencia, poner en práctica los conocimientos que iba adquiriendo en la universidad y comenzar a estirar los músculos en mi área profesional.

Unos meses después de terminar esta pasantía, conseguí trabajo como asalariado y desde ese entonces, esta ha sido mi condición laboral: trabajar para un tercero que me paga una retribución por mi tiempo, mi experiencia y mi conocimiento.

El trabajar de gratis como pasante, finalizando mis estudios, me ayudó a involucrarme en el área profesional en el cual me iba a desempeñar una vez terminada mi carrera. En ese momento de mi vida, tuvo su justificación plena y me resultaba totalmente necesaria. ¡Valía la pena trabajar de gratis!

Fue una experiencia temporal, la hice porque me era necesaria para adquirir una experiencia preliminar de mi trabajo y duró lo justo. Ni mas ni menos.

 

“Que por lo menos te paguen para ponerle suelas nuevas a tus zapatos”

 

Una de las enseñanzas que mi padre me dejó fue esa frase: “Cuando trabajes para alguien, que por lo menos te paguen lo suficiente como para ponerle nuevas suelas a tus zapatos cuando se gasten de tanto caminar”

Y desde aquélla vez, sin quererlo, ha sido una posición a la que me he adherido todas las veces que he tenido la oportunidad.

Cuando me ha tocado participar en procesos de selección de personal, siempre he abogado porque la empresa se comprometa a pagar por lo menos el sueldo mínimo que establece la ley y según las posibilidades financieras de la empresa o, en el peor de los casos, ofrecer algo lo suficiente como para pagar por los gastos mínimos de la persona a contratar, sobre todo cuando se ha tratado de contratar vendedores, que pasan casi todo su tiempo en la calle, gastando en teléfono, comidas, gasolina, etc.

 

¿Por qué razón he abogado siempre por ello?

 

Considero que toda persona que trabaja para un tercero, está poniendo de su parte, como mínimo, dos cosas: tiempo y conocimiento.

Aún cuando se trate de una persona sin ningún tipo de experiencia profesional, sin ningún tipo de credencial que demuestre que puede hacer el trabajo bien, sin ningún tipo de preparación, por lo menos, está disponiendo de su tiempo para hacer el trabajo, y eso tiene algo de valor. De todas maneras, ¿para qué querrías contratar a alguien así?

Y si se trata de una persona que tiene formación académica, experiencia previa (aún cuando solo sea en un área relacionada), relaciones, y otros argumentos, entonces las razones para convenir en una retribución económica por su trabajo, son más que evidentes.

 

¿Por qué querría esa persona ser tu socia?

 

Sin que yo lo pueda evitar, cuando leo acerca de ofertas de trabajo que ofrecen algo como “si el negocio prospera, te pagaré un sueldo”, pienso en una sociedad: Cuando dos personas se unen para poner en marcha un negocio, cada uno aporta lo que tiene con la esperanza de que, cuando el negocio crezca, ambos disfrutarán de los beneficios.

Y muchas veces ha funcionado extraordinariamente bien, tanto así, que muchas de las grandes empresas que existen hoy en día, nacieron de la misma manera. Facebook, por ejemplo, nació de esa manera.

Pero hay una diferencia: Esa persona a la que tu estás contratando sin pagarle un sueldo o darle una remuneración a cambio de su tiempo, no es tu socio. Y cuando el negocio crezca, esa persona va a recibir un sueldo, no una participación de los beneficios de la empresa, como le correspondería por ser tu socio. Por lo tanto, la pregunta que te debes hacer es “¿Por qué esa persona querría ser tu socio?”

 

Si quieres exigir, tienes que aceptar que te exijan también.

 

En mi experiencia, si haces una oferta para contratar personal para cualquier área y no ofreces nada a cambio, tendrás poco o ningún derecho a reclamar o exigir los mejores resultados, e incluso a exigir de la persona un compromiso específico de tiempo, de horas de trabajo.

Es diferente que ofrezcas algún tipo de compensación económica, por muy pequeña que sea, a que no ofrezcas nada en lo absoluto. Cuando ofreces algo, estás diciendo que, de tu parte, existe un compromiso y que valoras lo que esa persona te puede ofrecer aunque tengas limitaciones económicas, hasta cierto punto entendibles.

Se puede creer más en ti cuando dices que “si el negocio funciona, las cosas mejorarán” porque de entrada, por lo menos, estás poniendo algo de tu parte.

 

La crisis económica ha dado cabida para muchas cosas.

 

Por un lado, con la inmensa cantidad de gente que está parada en España, existe la necesidad por parte del que busca empleo (y la casi obligación, en algunos casos) de aceptar lo que sea, lo que le tiren, aún cuando no sea lo mejor o tan siquiera algo que, en otra situación, no aceptaría. Es una situación triste, pero que se está viviendo día a día.

Pero, por otro lado, existen las empresas que hacen ofertas de este tipo, bien sea porque realmente necesitan contratar personas y no tienen dinero para ello, o bien sea porque se aprovechan de la oportunidad que la crisis les ofrece de contratar personal calificado a tarifas mínimas.

Si eres empresario, trata de mostrar un poco de compromiso y ofrece algo que muestre tu confianza en la persona que estás contratando y el valor que le das a su tiempo, por lo menos. Si eres una persona en la búsqueda de un trabajo y estás dispuesta a hacerlo de gratis, piensa siempre en esas tres preguntas: ¿Cuándo? ¿Por qué? y ¿Por cuánto tiempo?

En todo caso, es un tema acerca del cual me gustaría conocer tu opinión.

 

 

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