Diferenciación y Reconocimiento: Concéntrate En Aportar Valor y Resolver Problemas

Diferenciación y Reconocimiento: Concéntrate En Aportar Valor y Resolver Problemas

Si tienes la oportunidad de conocer a algunas de las personas con las cuáles he tenido la oportunidad de trabajar como consultor o mentor, seguramente te dirán que soy sumamente fastidioso cuando se trata el tema de la diferenciación de marca y la visibilidad empresarial.

Soy fastidioso porque ante la inmensa tentación de ceder a la presión del “hagamos lo que hace todo el mundo” le recomiendo encarecidamente a mis clientes que, antes de escoger ese camino, busquen generar una estrategia de contenido que los diferencie de los demás, que no sea más de lo mismo, que aporte valor.

Y es que da gusto encontrarse con blogs en Internet que continuamente ofrecen artículos que invitan a la reflexión, que aportan ideas fuertes, no necesariamente nuevas pero siempre válidas, siempre interesantes.

Es frustrante pasar horas y horas frente al ordenador, intentando encontrar un artículo realmente valioso y quedarse con las manos vacías.

A mi me ocurre cuando hago la curación del contenido que voy a publicar en mis redes sociales: leo cada uno de los artículos que están en el feedly (aplicación que utilizo para centralizar toda mi lectura) y solamente aquellos con los que me identifico abiertamente, aquellos que aportan una idea interesante, son los que escojo para compartir con la pequeña (pero muy valiosa para mi) comunidad que me sigue en las redes.

Algunas veces ocurre que paso horas enteras sin encontrar nada que sea interesante (OJO: ¡Siempre desde mi punto de vista que puede no ser el mejor!). Voy leyendo y borrando, leyendo y borrando, leyendo y borrando….

Y así hasta que finalmente encuentro algo que vale la pena leer. Igualmente me causa mucha frustración cuando leo aquellos artículos que tienen títulos pensados únicamente desde el punto de vista de su utilidad para el SEO y no de la coherencia que existe entre el título y el contenido: títulos extraordinariamente llamativos y contenido soso como cualquier comida desabrida, sin sustancia.

Pues justamente en estos días, después de años de trabajo y de casi 250 artículos publicados en este humilde espacio, obtuve la confirmación de algo que siempre he tenido muy profundamente grabado dentro de mi ser profesional: concentrar tus esfuerzos en publicar contenido de valor, que resuelve problemas, siempre vale la pena… ¡y mucho!

El contenido relevante y de valor es muy apreciado y siempre bien recibido en todos los círculos.

 

En el último mes han ocurrido dos cosas que para mi han sido verdaderamente significativas.

Primero que nada, mi artículo “Los vendedores van y vienen. Los procesos comerciales permanecen” fue escogido entre los 10 mejores artículos de marketing del mes de Septiembre por la gente de la Asociación de Marketing de España, en su espacio la Blogosfera, que se especializan en monitorear continuamente lo que ocurre en nuestro sector profesional.

Y luego, hace unos pocos días, me enteré que este blog, este humilde espacio que nació hace ya casi 8 años, había sido incluido en la lista de los 40 mejores blogs de marketing de España.

¡Todo un lujo!

Saber que entre tantísimos blogs que existen allí afuera, miles de ellos, el mío ha logrado escabullirse entre los primeros 40 me ha llenado de un gustazo enorme y un orgullo que ni te puedo contar.

El contenido original, relevante y de calidad nunca caduca. Siempre permanecerá tan fresco como el día que lo escribiste.

Me siento muy orgulloso porque nunca ha sido mi intención que me incluyeran en listas ni que mis artículos fuesen reconocidos de esa manera.

Al contrario, me he concentrado siempre en resolver las preguntas que me planteaban amigos y clientes, incluso las preguntas que me planteaba yo mismo como profesional, y en algunos casos como persona.

De hecho, uno de cada 3 artículos de mi blog tiene como título una pregunta.

Sí, una pregunta.

Porque pienso, y seguiré pensando, que las mejores comienzan siempre con una pregunta. Cuando hay una pregunta en el aire, hay una persona que tiene una duda o un problema, por lo que existe la necesidad de recibir una respuesta o solución.

¡Se siente mucha tranquilidad cuando escribes en Google la pregunta que tienes en mente e inmediatamente te es ofrecida una lista de posibles respuestas!

Y mucha más satisfacción aún cuando esas posibles respuestas son todas valiosas, interesantes y que te ayudan a resolver la duda que tienes en tu cabeza. A mi, personalmente, me parece mucho mejor así.

Cuando no tengo nada importante que decir, prefiero quedarme callado.

 

Esta mañana recibí por correo electrónico una propuesta que decía: “He notado que no actualizas tu blog con frecuencia. Te ofrezco una herramienta que te permitirá construir artículos de forma automática a partir de las publicaciones que has hecho en el pasado. Los resultados son muy fiables y nadie notará la diferencia”

¡Me quedé pasmado del susto!

¿Automatizar los artículos del blog solamente para publicar con más frecuencia?

¿Generar artículos de forma automática sin siquiera detenerme a leer que tengan sentido o que no publiquen una burrada descabellada?

Pues no. No es para mi.

Y ciertamente no es algo que vaya a recomendar a mis clientes. Confío mucho en que la inteligencia artificial y la tecnología pueden hacer una cosas maravillosas. Por supuesto sí. Y pueden ser sumamente precisas, eso también te lo concedo.

Quizás me equivoque, pero la inteligencia artificial siempre irá de la mano del ser humano y nunca la reemplazará. Nada reemplaza el criterio de cada persona.

Pero de allí a dejar que sea una máquina la que escriba por mi las opiniones que publico en mi blog acerca temas profesionales, ¡definitivamente no! ¡Jamás en la vida!

Nunca me he puesto como meta publicar artículos con muchísima frecuencia para aumentar el ranking de mi blog en los motores de búsqueda. Nada de eso.

Mi motivación ha sido siempre dar respuesta a preguntas y soluciones a problemas, bien fuesen temas que conversaba con mis clientes durante las reuniones de consultoría, bien fuesen temas míos particulares.

Si en algún momento no había nada relevante en mi mente que pudiera desarrollar y aportar una solución desde mi punto de vista profesional o personal, pues simplemente optaba por el silencio.

Y pienso seguir haciendo lo mismo.

Creo profundamente que el mercado son personas y no números.

Y es por ello, porque el mercado son personas, que quiero seguir siempre tratándolo como tal y no dejarme seducir por la ilusión de ganar un premio o aumentar el ranking de mi blog.

Mi objetivo seguirá siendo el mismo: aportar valor y resolver problemas, escuchando atentamente las conversaciones que tengo con mis clientes, amigos y conmigo mismo.

Y seguirá siendo mi recomendación a clientes y amigos: Concéntrate en aportar siempre valor, contenido relevante y soluciones a problemas.

Los reconocimientos siempre llegan, más tarde o más temprano, pero siempre llegan.

¡Gracias a todos por su preferencia, por su apoyo y por estar allí, al otro lado de este espacio!

¡Mi compromiso para aportar valor seguirá en pie!  

 

Crédito fotografía Fred Pixlab en Unsplash

 

Te dejo acá los artículos que te mencioné al principio de esta entrada. Espero que los disfrutes:

BLOGOSFERA DE SEPTIEMBRE: LOS 10 MEJORES ARTÍCULOS SOBRE MARKETING DEL MES

Los 40 mejores blogs de marketing para encarar con aprendizaje la recta final del año.  

Storytelling: Como darle vida a un producto “en ruinas”

Storytelling: Como darle vida a un producto “en ruinas”

Si, ya sé que el título suena un poquito exagerado pero he utilizado la frase “en ruinas” con toda la intención.

Mucho se ha escrito acerca del “story-telling” (que traduce directamente a “narración de historias” o “cuentacuentos”) y de su importancia para poder diferenciar unos productos de otros cuando estos, por sus propias características y usos, parecieran ser fundamentalmente idénticos.

Para mí el contar historias tiene un valor muy alto, sobretodo cuando esas historias vienen de la mano de los usuarios de algún producto o servicio quienes, luego de haber tenido una experiencia de compra positiva, comparten con el mundo entero la satisfacción y alegría que sienten de una forma tan auténtica y natural, que no puede hacer más que contagiar de ese entusiasmo a todo el que la escucha.

Sin embargo, aún cuando mucho se ha escrito y dicho acerca del “story-telling” y de su valor tan fenomenal dentro de cualquier estrategia de contenido y posicionamiento de marca, todavía nos encontramos con muchísimas marcas que dicen estar “contando historias” cuando lo único que están haciendo es seguir hablando de sus maravillosos productos, aunque en una forma indirecta.

El Story-telling deja de tener el mismo valor cuando el público percibe que su intención es la venta de algún producto o servicio.

Vamos que pareciera más “publicidad encubierta” que una verdadera historia que quieren compartir con sus comunidades.

Sabes que siempre me gusta explicar este tipo de conceptos tan subjetivos, si se quiere, con un ejemplo práctico sacado de la vida real.

Y es por eso que utilicé la frase “en ruinas”.

 

Los productos no diferenciados están muertos a los ojos del consumidor.

 

Para mi los castillos han sido siempre unos paraderos turísticos que visitamos casi por obligación cuando llegamos a una ciudad nueva.

Y perdóname por la sinceridad, pero ha sido así siempre: era solamente llegar a la ciudad y decir “Vamos a pasar por el Castillo de (pones aquí el nombre de la ciudad que estábamos visitando en ese momento particular) y luego nos vamos a comer algo”.

Llegábamos al sitio en cuestión, el castillo, subíamos (o bajábamos según fuera) unas escaleras interminables, entrábamos en un par de salones que estaban casi siempre a oscuras o mal iluminados, veíamos algunos trastos viejos, leíamos algún que otro cartel de los que estaban pegados en la pared con alguna explicación alusiva a algún cuadro, o a alguna pieza considerada histórica, y listo….!

Se acababa el paseo. Algunas veces eran más divertidas que otras, según estuviese el castillo en mejores condiciones de mantenimiento o no, pero en general, eran simplemente meros puntos turísticos al que íbamos a tomar algunas fotos de familia, de paisajes y nada más.

Algo así como para decir que estuvimos allí y nada más.

Los productos no diferenciados pasan desapercibidos a los ojos del consumidor.

Era casi como cuando caminas por los pasillos de un supermercado, que vas pasando estante tras estante, llenos hasta el tope de productos, todos invisibles a tus ojos, hasta que encuentras finalmente el que buscas, lo metes en el carrito de la compra y sigues con tu viaje.

Más y más estantes de productos invisibles a tus ojos, que permanecen invisibles.

Para mi, todos los castillos eran iguales. No se diferenciaban unos de otros más que en el nombre y nada más. Eran todos el mismo producto sin nada que los hiciera destacar más allás de lo normal.

Hasta que visitamos el Castillo de Villena.

 

Trayendo un producto a la vida a través de una historia emocionante y envolvente.

 

La única cosa que fue diferente esta vez es que, al llegar a la oficina de turismo de Villena, un guía se ofreció a darnos una charla gratuita acerca de la historia del castillo de Villena.

Pensé: “¡Uich, qué aburrimiento!” pero sabía que sería algo que no duraría más de 15 o 20 minutos y ya está. Seguiríamos con la rutina de siempre: hacer las fotos de familia, las fotos de paisaje y nos iríamos a comer.

¡Vaya sorpresa la que me esperaba!

Pues el chico comenzó por hacernos preguntas, para involucrarnos en el tema, para hacernos partícipes de la historia que nos iba a contar. Preguntas tales como: “¿Qué creen ustedes que pasó aquí?”, “¿Por qué creen ustedes que esas paredes se construían así?”.

Y a través de este diálogo, que al principio me pareció inocentón, fui descubriendo las cosas que habían ocurrido en ese castillo, siglos atrás:

  • Como los pasillos se hacían más angostos para obligar a los enemigos a hacer filas estrechas y poder eliminarlos con facilidad;
  • Como las juntas entre las piedras contenían pedazos de hierro que, vistos desde la distancia, le recordaban a los enemigos que asediaban el castillo que el dueño de éste tenía hierro suficiente como para colocarlo en las paredes de la estructura, lo que transmitía el significado también de que tenía armamento de sobra.
  • Que las paredes de las zonas más importantes eran lo suficientemente gruesas como para poder aguantar los impactos de bala de cañón en el exterior, y por dentro mantener las temperaturas lo suficientemente bajas como para servir de cámaras para la conservación de los alimentos.
  • Que la palabra “armario” viene de las cajas que utilizaban los soldados en los castillos para guardar sus armas.

Fueron tantas las cosas que el chico nos contó acerca del Castillo de Villena que, desde ese momento, para mi dejó de ser un montón de piedras antiguas para adquirir ese valor histórico que realmente tienen todos los castillos que hemos visitado hasta el día de hoy, y los que faltan.

Para mi, fue un abrir los ojos y darme cuenta de lo mucho que pude aprender ese día en una charla que, a pesar de haber durado casi una hora, se me antojó corta.

¿Recuerdas cómo pensaba al principio de la visita al castillo que la charla del guía iba a ser un aburrimiento?

Pues fíjate cómo, a través de una historia bien contada, envolvente y llena de momentos intensos, el Castillo de Villena cobró para mí una vida que nunca antes había tenido, en una charla de casi 60 minutos!

 

Redefiniendo el valor de las cosas memorables.

 

¿Sabes lo que significa ser “memorable”?

Para muchos hoy en día, ser “memorable” es generar un impacto intenso, fuerte, aunque no necesariamente duradero.

Y justamente el significado de “memorable” es que “permanezca en la memoria” (puedes buscarlo en cualquier diccionario). Es decir, que no solamente tiene que generar un impacto fuerte sino que dicho impacto tiene que ser capaz de permanecer en la memoria de la persona que escucha la historia.

Me recuerda mucho algo que nos metían en la cabeza cada dos por tres cuando estaba sacando mi grado universitario en Publicidad: “el mensaje publicitario tiene que ser recordado…debes apuntar a la recordación. Si no generas recordación, es decir, si el mensaje no se queda fijado en la mente del consumidor, estás perdiendo el tiempo”

Era verdad antes, sigue siendo verdad ahora, y seguramente lo seguirá siendo por siempre: lo importante no es el impacto momentáneo sino la recordación, que el mensaje permanezca en la memoria del consumidor.

Fíjate que el viaje a Villena lo hicimos hace ya algunas semanas, quizás un par de meses sino más, y aún recuerdo con bastante emoción las partes más importantes de la charla que nos ofreció el guía ese día.

Para mi el producto, en este caso el Castillo de Villena, cobró vida ese día y la tendrá para siempre.

Porque gracias a la historia que nos contó el guía, el castillo dejó de ser un montón de piedras antiguas, cobró dimensiones, relevancia histórica, valor y dejó de ser un castillo más, para tener una identidad propia.

Algo que le hace falta a muchos productos que no logran diferenciarse de sus competidores. Identidad.

Algo que le hace falta a muchos productos que no logran diferenciarse de sus competidores en los mercados de hoy en día: Tener una identidad propia, que los separe de todo lo demás.

Es por ello que me fascina el “story-telling” bien hecho, bien enfocado hacia el aporte de valor, relevante, diferente y enriquecedor.

Es y siempre será una herramienta de marketing fenomenal, siempre que la uses de la forma adecuada y no como una herramienta de ventas “indirecta”.

¿Que si se puede vender haciendo “story-telling”?

Por supuesto que sí. Fíjate lo impactado que quedé yo con la charla que recibimos ese día. Claro está que la diferencia la va a poner el estilo de historia que cuentes y el cómo logres involucrar en ella a tu audiencia.

¿Estás preparado para darle vida a tus productos contando historias? 😀

Crédito fotografía: De la oficina de turismo de Villena. La puedes ver acá

Optimizando Un Proceso de Ventas: El Caso de Manuel

Optimizando Un Proceso de Ventas: El Caso de Manuel

El área de ventas de cualquier empresa o proyecto de emprendimiento, es una de esas áreas a las que hay que prestarle atención de una manera particular, simplemente por su muy estrecha relación con la rentabilidad y la sostenibilidad del negocio mismo: las empresas que venden bien, salen adelante; las que no, se quedan atrás.

No hay que darle más vueltas a esa historia y debería ser algo que entendieras con facilidad, tanto si eres el dueño de tu propio proyecto empresarial o si eres responsable de un departamento de ventas.

Como todos los procesos dentro de la empresa, el de ventas puede ( y debe) ser gestionado de una forma eficiente para generar los mejores resultados posibles.

Aún siendo esto así, en la mayoría de los casos se le presta más atención al desarrollo de los productos que a la forma en que después tendremos que poner esos productos en el mercado, para que se ganen la preferencia de su público objetivo y sean comprados por éstos de una forma continua.

Y es en este punto donde surge la necesidad de conocer el cómo vendemos nuestros productos y el cómo podemos hacer que ese proceso de ventas sea más eficiente, entendiendo que mientras más eficiente sea el proceso, más efectivo será en la generación de resultados con una mejor utilización de recursos.

Siempre que comparto contigo este tipo de contenidos que puede sonar tan elevadamente técnico o quizás difícil de digerir, me gusta explicarme a través de un ejemplo o de un caso práctico.

En esta oportunidad, te voy a hablar de mi amigo Manuel.

 

Comencemos por conocer el proceso de ventas mismo: ¿Qué estamos haciendo hoy para vender nuestro producto?

 

En días pasados, en una conversación que mantuve con Manuel, uno de mis contactos en LinkedIn, este compartía conmigo su inquietud acerca del cómo podría hacer mejor su trabajo, cómo podría hacerlo de una forma más eficiente.

La razón de su inquietud es algo que compartimos todos si somos sinceros con nosotros mismos: ¿Cómo podemos obtener mejores resultados de las largas horas que dedicamos a nuestras respectivas profesiones?

¿Cómo podemos hacer un mejor uso del tiempo de forma que podamos descansar un poco más y no terminar cada día completamente agotados?

¿Cómo podemos acortar las jornadas laborales sin que esto signifique que vamos a producir menos dinero?

En fin, preguntas que todos nos hemos hecho alguna que otra vez.

Manuel trabaja para una empresa de productos cárnicos. El conduce una furgoneta que va cargada de una amplia variedad de productos de las distintas categorías disponibles. Su trabajo consta de los siguientes pasos:

 

  • Visitar a una red de tiendas especializadas distribuidas en una determinada zona geográfica,
  • Conversar con la persona responsable de cada una de ellas,
  • Preguntarle qué productos va a necesitar reponer en el almacén de su tienda ese día,
  • Ir a buscar los productos requeridos en la furgoneta,
  • Entregarlos al cliente,
  • Cobrar el importe de la factura que se haya generado,
  • Despedirse y seguir con el próximo cliente en la ruta.

Y esta es una rutina que repite día tras día, desde las 7 de la mañana hasta bien entrada la noche. La empresa le pide hacer alrededor de 25 o 30 visitas diarias, lo que significa que mi amigo Manuel tendría (en una jornada laboral de 8 horas) que hacer alrededor de 3 visitas por hora, es decir que tiene apenas 20 minutos para atender a cada cliente y desplazarse entre ellos.

Comenzando por acá, se entiende por qué las jornadas laborales de Manuel se alargan más allá de las ocho horas normales y llega cada día a su casa, cansado, agotado.

Ahora que has identificado tu proceso de ventas: ¿Cómo puedes hacerlo mejor?

 

¿Cómo podemos mejorar la rutina comercial de mi amigo Manuel?

 

Comencemos por el principio: La optimización de la ruta.

 

Y supongo que esto es algo que ya Manuel y los directivos de su empresa tienen más que controlado: teniendo tan sólo 20 minutos para atender a cada cliente, suponiendo que no se queda trancado en un atasco ni nada por el estilo, la ruta de Manuel debe estar perfectamente planificada de forma que la distancia y el tiempo que le tome llegar de un cliente a otro sea el mínimo posible.

Además, que no hay espacio para imprevistos:

 

  • Si llega donde su cliente y este no puede atenderle de forma inmediata, Manuel estará perdiendo tiempo.
  • Si alguien bloquea a Manuel en el sitio donde aparcó la furgoneta, Manuel no podrá llegar a tiempo a su siguiente visita.
  • Si el cliente tiene dudas, preguntas o algún problema que resolver, Manuel tendrá que hacerlo a la carrera, so pena de no cumplir con su meta de visitas diarias.

Y aunque supongo que en la empresa tendrá cierto tipo de consideración y flexibilidad con respecto a este tipo de situaciones, deberían pensar que 20 minutos es realmente muy poco tiempo entre visitas, sobre todo cuando Manuel tiene que hacer tantas cosas en cada una de ellas (preguntar, buscar, entregar, facturar, cobrar, despedirse, etc...) y además, no transmitirle al cliente, en ningún momento, que tiene que ir con prisas porque si no no llega a tiempo a la siguiente visita que tiene programada.

 

Ofrecer un mejor servicio anticipando la demanda estimada del cliente.

 

Manuel también me comentó que su rutina de trabajo le permite visitar al mismo cliente cada dos semanas. Es decir, el ciclo de visitas de Manuel es quincenal. Ve al cliente A  a principio de mes, vuelve verlo a mitad de mes.

Es decir, aunque suene redundante (que lo es): Cada cliente recibe al mes dos visitas de Manuel.

¿Cómo podría hacerse mejor?

Si ya existe una relación de tiempo con el cliente, la empresa donde trabaja Manuel puede (y debe) conocer el volumen de productos que compra cada cliente en el período de un mes.

Utiliza los datos que conoces para anticiparte a las necesidades de tu cliente y ofrecerle un mejor y más eficiente servicio.

Es más, debe conocerlo porque es la única manera de llevar controlados los números.

El caso es que, Manuel podría ofrecer un mejor servicio a sus clientes si, en vez de visitarlos dos veces al mes, los visita una vez y les hace un pedido por todo el estimado del mes, aunque se lo entregara en dos fechas diferentes.

¿Qué ventajas podría tener esto para Manuel y su empresa?

  • La duración de cada visita podría ser un poco mayor, disminuyendo los niveles de estrés tanto para Manuel como para cada uno de los clientes atendidos por él.
  • Manuel tendría tiempo disponible para visitar clientes nuevos o ampliar su zona de trabajo.
  • Al tener cada representante la posibilidad de aumentar su zona de trabajo, podría disminuir la cantidad de personas dedicadas a esta tarea, con el correspondiente ahorro para la empresa de nóminas, dietas y comisiones.
  • Los clientes de Manuel podrían planificar mejor sus compras y no tener que detenerse dos veces por mes a conversar con Manuel.

 

La concentración de muchas tareas en una misma persona nunca es productiva. ¿La razón? El tiempo.

 

Es normal encontrar empresas en las que el vendedor cumple varias funciones al mismo tiempo. En el caso de Manuel, es igual: vende, reparte y cobra.

Por una parte la empresa cree estar ahorrando dinero al no tener que contratar a más personas para hacer este trabajo, cuando la realidad es que todo el tiempo que Manuel (y todos sus compañeros) tienen que pasar mientras van de vuelta a la furgoneta para recoger todos los productos que el cliente les pidió esa mañana, se lo llevan al cliente, lo entregan apropiadamente, facturan los productos entregados y cobran el importe de la factura, TODO ESE TIEMPO ES TIEMPO NO DEDICADO A ATENDER A OTROS CLIENTES.

Ten en cuenta que la función de un vendedor es vender, punto.

Quizás incluso podríamos decir que vender y cobrar, más que nada porque es el propio vendedor el que le da la cara al cliente, pero aún así no es la forma más productiva.

La concentración de tareas en un agente comercial, disminuye el tiempo que tiene disponible para conseguir más cliente.

Los vendedores están para vender, para producir dinero, y todo el tiempo que dedican a actividades diferentes, es tiempo que no están dedicando a su labor principal, que es la de conseguir y generar más dinero para la empresa.

¿Cómo podría hacerse diferente en el caso de Manuel: SEPARAR LAS TAREAS DE VENTA Y ENTREGA DE MERCANCÍA.

Es decir, Manuel visita a sus clientes, habla con ellos y estos le dicen que quieren una determinada cantidad de productos. Manuel toma nota del pedido, lo remite a la central, prepara la factura y le cobra el importe al cliente.

Central recibe el pedido enviado por Manuel, lo prepara y lo envía - a través de su equipo de repartidores - a cada una de las tiendas que Manuel (y todos sus compañeros) estarán visitando durante ese día.

¿Que esto significa tener doble plantilla? No necesariamente.

Obviamente necesitarás tener un grupo de gente que venda y otro grupo de gente para que reparta, pero es que así funcionan las cosas en las empresa que crecen.

No todas las tareas pueden concentrarse en una sola persona y, cuando esto ocurre, se está disminuyendo drásticamente la productividad y efectividad de esa persona.

Y es por una sencilla razón: TODO EL TIEMPO QUE UNA PERSONA DEDICA A UNA TAREA, no puede dedicárselo a otra.

Y es lo normal.

 

Hacer uso de la automatización de tareas para ser más eficientes y productivos.

 

Y por último, yo le recomendaría a Manuel y a su empresa, que hicieran uso de las herramientas tecnológicas que están disponibles hoy en día en el área comercial, y que permiten conectar por Internet a cada uno de los vendedores con la empresa directamente.

Estas tecnologías permiten al representante comercial enviar los pedidos de sus clientes directamente a fábrica en cuestión de segundos, por lo que, en el mismo momento que Manuel está confirmando con el cliente que tiene enfrente en ese momento, un pedido por 20 piezas del producto A y 50 piezas del producto B, ya en fábrica tiene entrada de dicho pedido y pueden proceder a prepararlo de forma inmediata.

Claro, te preguntarás, "¡pero si esto lo estaba haciendo Manuel en el propio momento de estar con el cliente!" y tienes razón... pero el asunto es que estamos buscando la forma de hacer el trabajo de una manera más efectiva y productiva.

En definitiva, yo soy firme creyente de que todos los procesos comerciales pueden optimizarse y, en el peor de los casos, corregirse.

Pero es algo que siempre debe hacerse justamente para evitar caer en una rutina que sí, puede ser que nos esté produciendo dinero y nos haga dormir en las noches en paz, pero que no son necesariamente rutinas productivas y eficientes.

¿Quién no quiere trabajar menos y producir más? ¿Quién no quiere tener una jornada laboral normal de 8 horas? ¿Quién no quiere saber que cada minuto de su tiempo está siendo utilizado de forma adecuada y planificada? 

 

 

Crédito fotografía: Robson Hatsukami Morgan en Unsplash

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