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¿Cómo puedes gestionar mejor tu equipo de ventas?

¿Cómo puedes gestionar mejor tu equipo de ventas?

 

El concepto de “gestionar un equipo de ventas” suele ser una de esos conceptos que se nos escabulle con facilidad, porque solemos pensar que solamente tienen “equipos de ventas” las grandes empresas.

Sin embargo, el concepto de “gestión del equipo de ventas” se refiere directamente a la gestión de todas aquellas personas que están involucradas en la prospección y captación de clientes para tu negocio o proyecto emprendedor, sean 2 0 200 personas las que formen parte de dicho equipo.

Por lo tanto, independientemente del tamaño que pueda tener tu proyecto emprendedor o empresa, a partir del momento en que tienes una o más personas específicamente dedicadas al logro de ventas, podemos hablar de que ha caído en tus manos la necesidad de “gestionar un equipo comercial”, eso sí, siempre y cuando realmente sea tu intención hacer las cosas de una forma profesional, organizada y seria.

¿Eres acaso de los que piensa que un vendedor lo único que necesita es tener mucha labia para vender y poco más?

Más allá de tener labia y muchas destrezas adicionales, los miembros de tu equipo de ventas deben ser gestionados como recursos individuales y valiosos.

Pues nada más lejos de la verdad.

Bienvenido al mundo real: Todos los vendedores, independientemente de sus destrezas y cualificaciones profesionales específicas necesitan ser gestionados, es decir, administrados, para que arrojen los resultados que la empresa necesita y espera de ellos, no los resultados que a ellos les resulte más cómodo y fácil lograr.

Porque, a fin de cuentas, el rendimiento de ventas de una empresa es cosa de la empresa, de sus directivos, de sus propietarios, y no de los empleados que en algún momento particular del tiempo ocupen una posición determinada en el departamento de ventas, bien sea como representantes de ventas, supervisores o directores.

Siempre debemos tener en cuenta que el rendimiento de ventas de cualquier negocio, grande o pequeño, determina la supervivencia de dicho negocio en el tiempo: Vendes mucho, las cosas funcionan. Vendes poco, en algún momento te tocará cerrar las puertas.

Nos guste o no, es la realidad tal y como la vivimos.

Por lo tanto, la gestión de ventas, más allá de ser una tarea que asumes por obligación, es la responsabilidad que más satisfacciones te va a brindar a corto, mediano y largo plazo.

Nunca busques culpar al vendedor de los pobres resultados comerciales de tu negocio.

Cierto es que las personas que forman parte de tu equipo de ventas tienen una influencia sumamente importante en la consecución de los mejores resultados comerciales.

Por supuesto que sí. De sus destrezas, de su disposición para escuchar de forma activa a sus clientes, de su creatividad a la hora de proponer soluciones y de su constancia para levantarse una vez más después de cada caída, depende en mucho el que puedan llegar lejos. Por supuesto que sí.

Pero no dejan de ser un recurso que debe ser administrado. Como los equipos deportivos profesionales: Por mucho que tu plantilla esté llena de estrellas, si tú, como director técnico del equipo, no logras hacer que las partes se engranen bien entre ellas, se sientan motivadas y partes de un todo, seguramente no lograrás obtener de ellas el mejor rendimiento posible.

¿Por qué?

Porque las personas que están a cargo de un equipo de ventas, de nuevo, por muy grande o pequeño que este sea, están en una posición única para influir y potenciar su crecimiento hacia los niveles más altos, de ayudarlos, como quien dice, a alcanzar su máximo potencial, más allá de los resultados económicos.

Lo que ocurre es que a veces estamos tan ocupados con otras cosas que terminamos por dejar a un lado esta tarea de acompañamiento y liderazgo, para concentrar nuestras energías y esfuerzos en la exigencia de resultados, en lugar de trabajar en aquellas cosas que nos permitirán vender de una forma más eficiente y productiva.

¿En qué debes concentrar tus esfuerzos de gestión para ayudar a tu equipo de ventas a alcanzar su mejor rendimiento?

No sigas siendo la sombra que respira detrás del cuello de tus vendedores.

Lamentablemente sigo encontrando con mucha frecuencia equipos de ventas que son gestionados simplemente en base a indicadores de rendimiento numéricos y en el cumplimiento de plazos específicos. Todavía hay jefes que se preocupan por la cantidad de llamadas que un vendedor hace y no por la calidad de las mismas.

Siguen existiendo equipos de ventas que no reciben entrenamiento recurrente, sino chequeo recurrente, es decir, “cuéntame cuánto vendiste esta semana” en lugar de “dime cómo puedo ayudarte para que alcances tu mejor rendimiento”.

Recuerda que, por encima de todo, un equipo de ventas está formado por personas y, como tal, debemos gestionar todos aquellos elementos que afectan al rendimiento de una persona, tales como motivación, gestión del tiempo, manejo de conflictos, técnicas de comunicación, etc.

Un vendedor que sobrevive a punta de labia, es un vendedor que tiene los días contados en los mercados altamente competitivos de hoy en día.

Haz como los militares: Comparte con tus vendedores cualquier información que les pueda ayudar a vender más y mejor.

No solamente se trata de que tus vendedores sepan cuánto tienen que vender y en cuánto tiempo. Se trata de que puedan construir, junto contigo, un esfuerzo coordinado para trabajar de forma efectiva y aprovechar todos aquellos elementos (noticias, artículos, estudios, etc…) que les permitan tener mejores argumentos a la hora de conversar con un cliente.

Ten en cuenta que, a día de hoy, tus clientes tienen acceso a muchísima información, incluso mucho antes de que entre ustedes se produzca el primer contacto comercial, por lo que enviar a tus vendedores a la calle, solamente armados con la información de tu empresa y sus productos o servicios, es mandarlos completamente indefensos.

Las mejores ventas son aquellas que se cierran en un entorno de conversación, durante la cual tu cliente potencial expresa abiertamente cuáles son sus necesidades y expectativas y tú, o tus vendedores, preparan entonces la solución que creen más apropiada según lo que el cliente ha dicho.

Aquellos días de las ventas cerradas a presión, en los cuales el cliente potencial simplemente tenía que cerrar la boca y aceptar lo que el vendedor le quería imponer, han quedado atrás en el tiempo. Hace muchísimo tiempo ya.

Tómate todo tu tiempo al contratar, pero no lo pierdas al despedir.

Cuando vayas a contratar a un vendedor, tómate tu tiempo. Piensa que es un puesto del cual estarás esperando obtener un rendimiento específico, por lo que no te sirve contratar a cualquiera.

Piensa que un vendedor es la cara visible de tu empresa delante de su cliente potencial, por lo que deberías comenzar por asegurarte de que la persona que va a cubrir ese puesto representa a tu empresa o negocio de la manera que tu quieres.

Además seguramente invertirás tiempo en formar a ese vendedor para que tus productos o servicios sean vendidos de la manera que tu quieres, por lo que, ¿de qué te sirve contratar a un mal candidato que te dure dos o tres meses, y después debas repetir el proceso de selección nuevamente?

Y si no estás pensando en darle formación, ¿entonces de qué tipo de gestión comercial estamos hablando?

Define con claridad tu proceso de venta y los objetivos que persigues.

El proceso de ventas es al rendimiento comercial, como los planos del arquitecto a la vivienda que construye: facilita el logro del resultado esperado.

Definir con claridad tu proceso de ventas, desde el cómo buscar a tus clientes potenciales, hasta las estrategias que pones en marcha para facilitar el cierre de la venta e inicio de la relación comercial, son elementos fundamentales que te permitirán no solamente realizar un trabajo organizado y eficiente, sino también, saber dónde y qué buscar cuando necesites corregir errores.

Además, el contar con objetivos de ventas claros, medibles y alcanzables te facilitará en mucho mantener en niveles óptimos la motivación y energía de tus vendedores.

Centra tu atención en el logro de esos objetivos específicos y en la realización exitosa de todas las tareas que tienes que poner en marcha para lograrlo. Verás como todo comienza a fluir sin que te des cuenta.

¿Liderazgo o jefatura?

Cuando se gestionan equipos de ventas, y en general cuando se gestionan personas, es fácil caer en la tentación de convertirse en el jefe que lanza órdenes para que todo el mundo baje la cabeza y las siga sin chistar.

Es un modelo tan anticuado que no sabría ni siquiera decirte desde cuándo no se usa y, sin embargo, me lo sigo encontrando en mi trabajo como consultor.

Cuando gestionas un equipo de ventas, nuevamente, por grande o pequeño que este sea, la misma palabra “gestionar” implica que tu objetivo será sacar el máximo provecho de tu equipo, pero no en el corto, sino en el largo plazo.

Tu misión es construir un equipo de ventas ganador, proactivo, confiable, que pueda traer nuevos negocios para tu empresa de forma continua. Y esto solamente podrás lograrlo cuando te conviertes en el líder que impulsa el crecimiento y dejas de ser el jefe que exige resultados.

¿Recuerdas la fábula de la gallina de los huevos de oro? Pues es fundamentalmente lo mismo.

Si matas a la gallina para sacar los huevos que lleva dentro, te quedas con los huevos pero sin la gallina. ¿Qué prefieres?

Si quisiéramos plantearnos una especie de resumen, quizás deberías enfocar tu atención en el tipo de relación que quieres desarrollar con tu equipo de ventas y los resultados que esperas de ella: ¿quieres que sea a largo plazo?

¿Quieres delegar en ellos completamente el trabajo comercial?

¿Quieres construir un equipo fuerte, que realmente sea los ojos y oídos de tu empresa en el mercado?

¿O por el contrario quieres crear uno de esos equipos en los que los vendedores no hacen sino quejarse del trato que reciben de parte de sus supervisores?

¿Con dolor o sin dolor? La diferencia de estar en manos profesionales.

¿Con dolor o sin dolor? La diferencia de estar en manos profesionales.

Esta semana quiero compartir contigo una historia que me tocó vivir en primera persona. Resulta que, por dejadez, ignorancia o, simplemente, por no darle la importancia adecuada, siempre he tenido problemas con las uñas de mis pies: Cuando me crecen lo suficiente comienzan a encajarse en la piel alrededor porque, en lugar de cortarlas con bordes suaves y redondeados, lo hago a la bruta!

Y me ocurre sobre todo con los pulgares de cada pie que, al encajarse la uña en la piel me causa un tremendísimo dolor, que supongo conocerás porque, según entiendo por mis amigos, es algo que ocurre con bastante frecuencia.

Me he acostumbrado a vivir ese ciclo: cuando me crecen las uñas de los dedos pulgares se me encajan en la piel, me duele, recorto la uña y vuelta a empezar.

Según tenga suerte, o no, puede ocurrir que en los días que estoy con dolor la pase sin mayores historias o, según las Leyes de Murphy, puede también ocurrir que, como fue en esta última oportunidad, justo cuando tengo la uña encajada y con dolor, me golpee el dedo con otras cosas (el borde de un mueble, un pisotón, etc…) y vea realmente el demonio del dolor!!!

Nos acostumbramos a recibir soluciones “a medias” simplemente por no ponernos en manos de profesionales competentes. ¿Realmente vale la pena quedarse por la mitad? 

Y ocurrió que esta vez mi mujer vino en mi auxilio y me dijo: “Joel, ¿hasta cuándo vas a seguir con la misma historia? Haz una cita con la podólogo de la clínica para que te resuelva el problema que tienes con las uñas de los pies”.

Porque también hay que decirlo: “en casa de herrero, cuchillo de palo”… en la clínica que tiene mi esposa ofrecen servicios de podología.

Lo que pasa es que, bueno, como con muchas otras cosas, no le prestamos la atención que debemos y lo vamos dejando pasar.

Nos acostumbramos al ciclo del con dolor – sin dolor, con dolor – sin dolor.

Cuando crees que tu puedes hacerlo todo… y bien.

 y que, Es una costumbre bien extendida entre los pequeños empresarios, sobre todo aquellos que no disponen de un importante colchón económico, el concentrar la gestión de varias áreas sobre los hombros de una misma persona.

De hecho incluso hay casos en los que pareciera que tener esa capacidad de desempeñar las tareas de tres o cuatro cargos diferentes es hasta lo apropiado.

¿No te has encontrado con unas ofertas de esas que dicen que “solicitan representante comercial que atienda el teléfono, cargue la furgoneta, gestione las redes sociales, sepa algo de programación web y maneje photoshop”? 😉

Incluso yo mismo, en mi pequeña empresa, soy el encargado de hacerlo todo.

¿Sabías que el llevar múltiples sombreros en una empresa, o tu propio proyecto emprendedor, es de entrada ineficiente, aunque sea muy necesario, incluso tu única opción?

Quizás nos hayamos acostumbrado a pensar que el “multitasking” y el “multisombrerismo” son productivos o “cool”.

Quizás sea solamente un tema de moda.

Quizás sea simplemente un craso error pensar que tú mismo puedes hacerlo todo y, además, hacerlo bien.

Porque incluso si pensáramos que sí, que es verdad que puedes hacerlo todo, Y ADEMÁS HACERLO BIEN, sin embargo, no podemos negar el hecho de que nunca podrás llegar a tener las mismas destrezas en un área específica como aquella persona que se dedica a una misma actividad cada una de las horas de su jornada laboral.

¡Es imposible!

Tú, que has hecho solamente una página web (la tuya) y quizás te has aventurado a hacer la de algún amigo cercano, NUNCA PODRÁS TENER LA MISMA DESTREZA QUE UNA PERSONA QUE SE DEDICA A ELLO TODO EL DÍA, CADA DÍA, semana tras semana, mes tras mes y que, además, tiene formación específica para hacerlo.

Eso es imposible……… ¡y tú lo sabes!

Entonces, ¿de qué te sirve engañarte? 

La diferencia de estar en manos de un profesional.

Pues esta vez, le hice caso a mi mujer. Levanté el teléfono e hice la cita con la podólogo de la clínica. Me armé de valor, porque debo reconocer que me daba mucho miedo ir al podólogo porque pensaba que, si me causaba tanto dolor solamente de rozármelo con algún objeto, pues no podía ni imaginarme el dolor que sentiría cuando el podólogo comenzara a jorungarme la zona con sus aparatos y sus cosas.

Ya me imaginaba yo dando gritos de dolor sentado en una de los sillones de la clínica, soltando los lagrimajos.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad!

Allí estaba yo, sentado delante de una persona que había visto cientos de casos iguales o peores que el mío, una persona formada profesionalmente para lo que estaba haciendo, con experiencia y “muchas horas de vuelo” que, analizando mi situación con todo detalle, comenzó a explicarme, paso por paso y con mucho detalle, qué era realmente lo que estaba pasando.

¿Te puedes dar cuenta de la gran diferencia?

¿Cuántos dolores innecesarios le has causado a tu empresa simplemente por querer hacerlo todo tú mismo y no delegar tareas en profesionales competentes?

Si no me hubiese puesto en manos de un profesional, sino me hubiese sacado de la cabeza mis temores, esa tendencia a posponerlo todo, a resolverlo todo yo mismo de la manera que se me ocurriese porque, total, para creativo uno, ¿no?

Si no hubiese entendido, y aceptado, que mi problema solamente iba a quedar resuelto cuando fuese tratado por un profesional competente, estaría todavía aquí sentado delante del ordenador con la uña encajada y con dolor…. ¡un dolor innecesario!

Y fue tan grata la experiencia de estar en manos de un profesional competente que me comprometí a visitarla con cierta regularidad solamente para asegurarme de que cualquier problema que hubiese con mis uñas estuviese atendido y resuelto profesional y prontamente. 

¿Cómo aplicas la moraleja de esta historia a la gestión que haces de tu negocio?

ACEPTACIÓN

Debes comenzar por aceptar que tú no eres un ser de otro mundo, con plena capacidad de asumir todos los roles que tu negocio requiere.

Porque incluso si ese fuese el caso, tendrás que terminar reconociendo que, si te encargas de 10 áreas diferentes, sencillamente significa que podrás dedicarle a cada una 1/10 parte de tu tiempo y eso, de entrada, ya es ineficiente.

IDENTIFICA

Identifica cuál es el área, o las áreas, que realmente puedes manejar de forma eficiente, en cuál puedes generar los mejores resultados y aportar la mayor cantidad de valor, y concéntrate en ellas.

Recuerda que se trata de evitarle a tu negocio dolores innecesarios, por lo que deberás ser sumamente sincero con tu negocio, y contigo mismo.

DELEGA

Aquéllas áreas que caen fuera de tu zona de “comodidad profesional”, delégalas en manos de personas capacitadas para ello, bien sea que las incorpores a tu plantilla o que las contrates a destajo.

En mi caso, por ejemplo, he tomado la costumbre de delegar, o subcontratar, todas aquellas áreas para las cuáles considero que, aún cuando tengo formación avanzada, no llego al nivel que puede llegar un profesional dedicado a la tarea al 100%.

Así yo me puedo dedicar completamente a aquellas cosas que domino, y aumento la calidad del servicio final ofrecido a mis clientes, contando con profesionales capacitados en otras áreas complementarias (diseño gráfico, programación web, gestión de redes sociales, etc…)

FÓRMATE

Si los recursos no te permiten delegar en profesionales capacitados, o simplemente quieres adquirir competencias adicionales para gestionar las áreas que te has asignado, pero no tienes la formación requerida, fórmate, edúcate, entrénate.

Si algo es sencillo hoy día, con tanta informática y tanto internet, es conseguir programas de formación de calidad en cualquier área en la que te plantees trabajar.

Fórmate y asegúrate de tener las destrezas y conocimientos necesarios para hacer el trabajo requerido de la mejor manera posible.

GESTIONA

Conviértete en el líder que debes ser para que tu negocio siga caminando hacia adelante y concentra tus talentos y capacidad en gestionar y administrar el trabajo de los distintos profesionales que colaboran contigo, bien sea como empleados directos o profesionales a destajo.

Recuerda que la idea al final es ser más productivos, evitar demoras y pérdidas de dinero innecesarias para terminar aumento la calidad global del servicio o producto que ofreces a tu cliente.

Porque, a final de cuentas, de eso  se trata, ¿no?

Te dejo acá abajo el vídeo que he preparado para acompañar el artículo de hoy y, como siempre, algunos artículos que te recomiendo leer de mi blog como complemento al tema de hoy.

Artículos que te recomiendo leer en este blog:

¿Qué otras interpretaciones puedes darle al ROI en tu negocio?

¿Qué otras interpretaciones puedes darle al ROI en tu negocio?

El deseo de ganar es una actitud necesaria en cualquier negocio. Sin él se hace muy difícil perseguir metas y sueños. Sin ese deseo impulsándonos cada día es prácticamente imposible mantener el ritmo en un mercado que, cada vez ,se hace más competitivo.

Pero, ¿Qué significa ganar?

Desde el punto de vista de tu negocio, ganar es vender más de lo que te hace falta para cubrir la totalidad de lo que te cuesta mantener tu negocio abierto día tras día. En algunos sitios se tiene como referencia “el costo de subir la persiana”.

Se dice que el negocio está “ganando” cuando vende más de lo que “le cuesta subir la persiana”, y que pierde si la situación es la contraria.

Pero también es importante saber cuánto más estamos ganando:

Gráfico Retorno de Inversión Uno - Joel Pinto Romero
Gráfico Retorno de Inversión Dos - Joel Pinto Romero

Los dos gráficos que te pongo acá arriba muestran una situación ganadora, una más que la otra, pero ambas ganadoras.

Para ayudarnos a discernir que tan ganadora es una situación comparada con otra, nació el concepto de Retorno de la Inversión, o ROI (Return On Investment – en inglés) 

¿Qué mide el “Retorno de la Inversión” y cuáles son sus componentes?

El “Retorno de la Inversión” da una medida objetiva de la ganancia neta de una operación, para poder ser comparada con otra.

Para hacer el cálculo del “Retorno de la inversión” se tienen en cuenta los siguientes tres elementos:

  • Lo que se está invirtiendo, que llamaremos “costo de inversión”.
  • Lo que se recibe a cambio, que llamaremos “ganancia bruta”.
  • La diferencia entre el primero y el segundo, llamado “ganancia neta”.

Y el ROI se obtiene al dividir la “ganancia neta” entre el “costo de inversión”. ¿Sencillo, verdad?

Si hacemos el cálculo tomando en cuenta los datos de los dos gráficos anteriores, tendríamos que el ROI (Retorno de la inversión) en cada una de las operaciones sería el siguiente:

Gráfico Retorno de Inversión Tres - Joel Pinto Romero
Gráfico Retorno de Inversión Cuatro - Joel Pinto Romero

En este caso porque la diferencia entre una operación y la otra es evidente.

Sin embargo, existen situaciones en las que esta diferencia no es tan clara y es justo en ese momento cuando el “Retorno de la inversión” viene en nuestra ayuda.

¿Y qué haces cuando lo que inviertes no es dinero?

Hacer el cálculo del ROI cuando tenemos estamos hablando de dinero, bien sean pequeñas o grandes cantidades, es sencillo y el ROI es un índice directo.

Sin embargo, no solamente invertimos dinero. También existen otros recursos (cuatro en particular) que solemos invertir con regularidad, quizás sin darnos cuenta.

TIEMPO

DINERO

ESFUERZO

CONOCIMIENTO

Ya en este tema entonces el rollo es un poco diferente porque tendrás que poner encima de la mesa, con la mayor exactitud que puedas, que es lo que esperas a cambio de esa inversión que estás haciendo de tiempo, dinero, esfuerzo o conocimientos.

El dinero no es el único recurso que podemos invertir con expectativas de tener grandes ganancias. También invertimos tiempo, dinero, esfuerzo y nuestros conocimientos.

 

Y es que hacer el cálculo cuando se trata de dinero es directo, sin problemas.

Sin embargo, cuando hablamos de las otras cuatro cosas que podemos invertir, aún cuando los componentes siguen siendo los mismos (cuánto inviertes, cuánto recibes, la diferencia entre uno y otro, y la relación entre lo que invertiste y lo que ganaste) esa “ganancia neta” suele estar expresada en términos de “valor” y no de dinero exactamente.

Hay dos situaciones acerca de las cuales te quiero comentar hoy: La primera de ellas es una situación en la que a cambio de una cierta cantidad de dinero recibas una cantidad de valor. La segunda es una en la que, igualmente por una cantidad de dinero, recibes a cambio los conocimientos necesarios para realizar acciones que te reportarán directamente un beneficio.

¿Cómo puedes calcular el Retorno de la inversión en cada una de ellas?

30 euros invertidos en una cita con la acupunturista.

A finales del año pasado tuve una fuerte crisis de dolores en la espalda y la zona lumbar.

Estaba acostumbrado a este tipo de situaciones que se presentaban cada vez en cuando, sin embargo, esta vez, me pusieron contra la pared. Estuve tomando analgésicos y anti-inflamatorios por más de 30 días consecutivos y el dolor no desaparecía.

Un día, mi esposa me comenta que había recibido en la clínica a una doctora que tenía un centro de acupuntura y me dijo que por qué no me daba una oportunidad, que lo peor que podía pasar era que todo siguiera igual.

Así lo hice pues y, después de acordar una fecha con la acupunturista fui a mi cita y, por treinta euros me dieron una sesión de acupuntura de poco más de una hora.

Cuando el valor que recibes a cambio supera ampliamente el dinero que has invertido, por mucho que no puedas darle un valor económico específico, tu ROI ha sido extraordinariamente positivo.

 

¿Los resultados?

¡Sencillamente fenomenales! Desde ese día en adelante no he tenido más dolores ni he tenido que consumir ningún tipo de medicamentos.

He quedado tan extraordinariamente satisfecho que, aún cuando no estoy obligado a hacerlo, he decidido tomar una sesión de acupuntura todos los medios simplemente de manera preventiva.

¿El retorno de mi inversión? ¡Ya me dirás tú cómo calcularlo si, en un sóla hora y por treinta euros que invertí, he logrado resolver un problema que me venía persiguiendo por años! 

Un plan completo para bajar de peso diseñado por un nutricionista profesional.

Supón entonces que tienes problemas de sobrepeso y has asistido, por recomendación de tu pareja (igual que yo) a una sesión con un nutricionista profesional quien, después de analizar tu caso, ha preparado un plan de alimentación completo y una rutina de ejercicios que, aunado a tu esfuerzo y disciplina, te garantizan que volverás a estar en el peso que tu quieres en un período de tres meses.

Has entendido todo con claridad, estás conforme con la comida incluida en el plan de alimentación, la rutina de ejercicios no se te hace extraordinariamente complicada sin embargo, al cabo de algunas semanas, lo dejas y no continúas.

Hay inversiones cuyo ROI queda completamente en tus manos. ¿Has aprendido ya a reconocer cuáles son para que las aproveches completamente?

 

¿Dónde queda entonces el retorno de tu inversión? ¿Tuvo el nutricionista algo que ver con lo desfavorable de tus resultados? ¿O fue acaso tu falta de disciplina y la poca voluntad que tuviste a la hora de poner en marcha las acciones que te recomendaron?

Es por ello que, a la hora de valorar el rendimiento de una inversión tenemos que tener muy claro, primero que nada, qué es lo que estamos poniendo encima de la mesa, qué es lo que vamos a recibir a cambio y cuál será el proceso necesario para que ese rendimiento se haga realidad.

Sacar la cuenta del rendimiento de la inversión solamente tomando en cuenta el dinero invertido sin valorar el resto de los componentes te dejará siempre con una valoración incompleta que podría conducirte a perder oportunidades de desarrollo y crecimiento interesantes para tu negocio.

¡Tenlo siempre presente!

Te dejo acá el vídeo que acompaña este post de hoy. ¡Que lo disfrutes!

Cualquier duda, sugerencia o comentario, ya sabes por dónde encontrarme.

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