¿Que por qué la fiesta debe ser en tu casa? Para muestra un botón

¿Que por qué la fiesta debe ser en tu casa? - Joel Pinto RomeroSabes que siempre que hablo de estos temas, me gusta mostrarte las razones que están detrás de mi planteamiento y de la recomendación que te hago.

La semana pasada conversábamos acerca del tema de que todos los esfuerzos que haces en el mundo digital deben tener como objetivo llevar a tus clientes y prospectos hacia la página web de tu empresa, o hacia algún espacio de tu pertenencia, que esté bajo tu control.

Por supuesto que es interesante y positivo aprovechar las distintas plataformas que existen para desarrollar comunidades dinámicas y comprometidas. ¡Claro que sí!

Sin embargo, siempre debes tener en cuenta que el dueño de la plataforma no eres tú y que, siendo las cosas de esta manera, siempre vas a depender de las decisiones que tomen los dueños reales.

En algunos casos, esas decisiones serán a tu favor. En otros casos, no tanto.

Esta semana quiero conversar contigo acerca de un mensaje que recibí hace ya un tiempo de los dueños de una de las plataformas que utilizo personal y profesionalmente: Facebook.

 

¿Que por qué la fiesta necesariamente tiene que ser en tu casa?

 

Había hasta hace nada una aplicación que estaba entre mis favoritas: Facebook Messenger. La tenía instalada en mi portátil y me permitía mantener interesantes conversaciones con mis contactos, sin tener que entrar en Facebook directamente.

Me resultaba una aplicación bastante cómoda y solía utilizarla con mucha frecuencia. Seguramente tú hacías lo mismo.

Sin embargo, y a pesar de mi comodidad y el gusto que sentía al utilizar esta herramienta, el “dueño de la casa”, Facebook, no lo vio desde el mismo punto de vista: Definitivamente eso de que yo pudiera interactuar con mis contactos y mantener interesantes conversaciones “fuera” de mi página de Facebook a ellos no les parece interesante, porque la fiesta, en ese caso, es en mi casa, en la “privacidad” de mi portátil, y no en la casa de Facebook. Y eso no lo quieren ellos.

Entonces ellos decidieron sencillamente eliminar la herramienta. Sin preguntas, sin consultas, sin contemplaciones. Este fue el mensaje que recibí con el aviso.

Como puedes ver, más claro no canta un gallo.

El mensaje lo dice todo: “Oye, que no nos gusta que tengas la oportunidad de estar compartiendo con tu gente desde tu portátil sin meterte en Facebook, por lo que esta herramienta no va más”.

Y no solamente eso, sino que además me dicen: “Si quieres seguir manteniendo esas conversaciones tan interesantes, pues tendrás que hacerlo directamente desde Facebook, y no desde afuera.”

 

Cuando veas las barbas de tu vecino arder…

 

Es por ello que te recomendaba en el artículo pasado que utilizaras las plataformas como Facebook para lo que están: desarrollar relaciones con la audiencia de tu interés, sean clientes, prospectos, colegas, amigos, familiares, o cualquier otro grupo al que hayas decidido dirigirte.

Pero necesariamente, si estamos hablando de tu negocio, debes invitar a los miembros de tu audiencia a continuar la fiesta contigo, a seguir interactuando contigo en un espacio dónde tu mismo puedas poner las normas y, sobre todo, evitar las sorpresas que pueden ocurrir cuando es otro el que toma las decisiones, como en este caso, Facebook decidió que no iba a permitir más que siguiéramos utilizando su aplicación Messenger en nuestros ordenadores.

Permitir que tu presencia digital dependa de lo que otros decidan, tienen su riesgo. Y es uno que no debes correr.

Creo que lo que más me llama la atención de todo este tema, es la imposición. Es decir, no tener ni siquiera la opción de decir si yo quería o no seguir utilizando la herramienta.

Y ese es el problema cuando la fiesta la haces en la casa de otro: Si el dueño decide que a las dos de la madrugada apaga las luces, pues las luces se apagan a esa hora y ya está. Y esta es tan sólo una de todas las decisiones que puede tomar.

En cambio, si la fiesta es en tu casa puedes mantener una política de “puertas abiertas” para todos los miembros de tu comunidad, y esa es una oportunidad invalorable que debes aprovechar.

OJO: Se me olvidaba decirte que aún está disponible Facebook Messenger para dispositivos móviles. ¿Qué te parece? Supongo que Facebook no quiere perderse esa oportunidad de que te conectes cuando estés en la calle, ¿no?

Pero desde un equipo de sobremesa o portátil, nada de nada. O te metes en Facebook o te olvidas de mantener esas ricas tertulias que se prendían en Messenger.

 

Crédito fotografía: iqoncept / 123RF Stock Photo

 

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La fiesta la debes montar en tu casa, no en casa ajena

La fiesta la debes montar en tu casa, no en casa ajena - Joel Pinto RomeroAyer tuve la oportunidad de encontrarme con una muy querida amiga que recién montó su negocio propio haciendo unas tortas deliciosamente preparadas y decoradas para fiestas y celebraciones de cualquier tipo.

Comentábamos acerca de la estrategia que ella estaba utilizando para promocionar sus productos. Me comentó que tenía una página en Facebook y una cuenta en Instagram, y que a través de ambas había recibido ya algunos pedidos.

La ví muy entusiasmada e ilusionada, y nos explicaba muy graciosamente las razones por las cuales sus tortas eran mejores que las de su competencia. ¡Viva el espíritu emprendedor!

Por supuesto que me sentí muy contento y contagiado de ese entusiasmo que tenía Ivonne, porque pienso que, en situaciones como las que se están viviendo en estos días, el primer arma que debemos utilizar para salir adelante es mantener siempre un espíritu positivo.

Muy realista, pero positivo. Siempre positivo.

 

“Nos reunimos siempre en casa de mis amigos”

 

Pero me llenó aún mucho más de emoción y entusiasmo cuando, siguiendo con nuestra conversación, al yo comentarle que lo mejor iba a ser que hiciera su propia página web y le diera a sus tartas una “casa propia”, Ivonne me comentó que ya estaba en ello y que un diseñador gráfico se la estaba desarrollando.

¿Por qué me llena tanto de satisfacción?

Si te fijas en el proceso, cuando tu presencia digital está en “la casa de tus amigos”, es decir, en tu página de Facebook, tu perfil de Twitter, Linkedin o cualquier otra, tú “te vistes” para ir a la casa de ellos.

Hemos tomado la costumbre de hacer la fiesta siempre en la casa de otros. Y cuando ellos no quieren fiesta, ¿qué hacemos?

Igual tienen que hacer tus “clientes”: No se encuentran contigo en tu casa, sino en la casa de Facebook, de Instagram, o la de aquella red social que hayas escogido para desarrollar tu presencia en línea, y allí no solamente se encuentran contigo, sino con cientos de personas y empresas como la tuya.

Además, como en cualquier fiesta en “casa de los amigos”, la fiesta comienza y termina cuando el otro lo dice y si, de un día para otro, el dueño de la casa decidiera que no va a permitirle más la entrada a “tus clientes”, pues hasta allí te llegó la historia. O si algún día tus clientes decidieran que prefieren irse de fiesta a la casa de otra persona que tú no conoces, entonces tendrías que ir tú detrás de ellos y comenzar a construirlo todo de nuevo.

 

Siempre es más fácil que la fiesta la ponga otro.

 

Recuerdo que cuando estaba en los últimos años de bachillerato, las fiestas siempre se hacían en casa de Raymundo, un querido amigo, que tenía una casa espectacular, grande, cómoda, de esas que son buenas para hacer las mejores fiestas.

Pero, ¿qué pasaba cuando no había fiesta en casa de Raymundo? Pues una de dos: O que no había fiesta para nadie, o que simplemente teníamos que arreglarnos con lo que hubiera.

Y es una historia que se repite sin cesar en este mundo del marketing digital, y mucho más con la proliferación y crecimiento de las redes sociales: Los negocios que recién comienzan, o aquellos que tienen un presupuesto muy pequeño (por no decir “ningún presupuesto”) recurren a las redes sociales para promover sus productos y servicios, y no tienen nada más.

No tienen la posibilidad de tener un espacio propio para su empresa o negocio, porque todo el mundo piensa que tener una página web de empresa es un lujo que solamente las grandes corporaciones pueden darse, y eso no es así.

Muy al contrario. Hoy en día existen muchísimas alternativas para crear páginas web. Muchas de pago, otras gratuitas; unas buenas, otras no tanto. Pero alternativas hay, y muchas.

 

La fiesta la debes montar en tu propia casa.

 

¿Te fijaste el grato recuerdo que tengo de la casa de mi amigo, Raymundo? Puedo incluso recordar, a pesar de que todo esto ocurrió hace más de treinta años, las principales habitaciones, las escaleras, el patio donde montábamos todos nuestros amaneceres. ¡Gratos recuerdos ciertamente!

¿No te gustaría que tus clientes tuvieran el mismo, grato recuerdo de “tu casa” y no de la casa de otros? Pues es la razón que mueve la recomendación que le hice a mi amiga Ivonne, y la que quiero compartir contigo hoy.

Está muy bien que tengas una presencia digital y que saques provecho de todas las opciones y herramientas que las redes sociales (y las no tan sociales) ponen a tu disposición hoy en día para acercarte a tu cliente potencial y desarrollar una comunidad con ellos.

Pero la fiesta, al final, debe ser en tu casa. Tienes que preparar un espacio propio para que, a mitad de la fiesta, le digas a tus clientes: “Oigan, vámonos todos para mi casa que allá vamos a pasarla mucho mejor y tengo muchísimas otras cosas más que mostrarles allá”

No importa el tamaño que tengan las fiestas que hagas en tu casa, siempre serán más íntimas.

Muchos piensan que es necesario tener la oportunidad de llegar a cientos de miles de personas, es decir, estar en aquellas fiestas donde no cabe ni un alma más, donde apenas puedes escuchar al que está a tu lado, o que simplemente te cuesta un montón encontrarte con aquellas personas que realmente querías ver.

Sin embargo, si la fiesta es en tu casa, seguramente asistirán aquellas personas que te conocen, que te aprecian y con las que seguramente tendrás una relación más cercana y nutritiva que con los cientos de miles de “fiesteros anónimos” que pululan hoy en día en el entorno digital.

Es por ello que, mi recomendación de esta semana, es que centres tus esfuerzos en desarrollar un espacio propio para tus productos y servicios, un sitio al cual puedas invitar a todos tus clientes, potenciales y actuales, a tus amigos y familiares para te visiten y conozcan lo que estás haciendo.

Es mucho más esfuerzo al principio, pero muchísimo más rentable a mediano y largo plazo, ¿no te parece?

Si quieres conocer unas tortas espectaculares y muy sabrosas, pásate por la página de mi amiga Ivonne en facebook, Top Cakes 😀

 

Crédito fotografía: lenm / 123RF Stock Photo





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El Síndrome del “You Are Fired”: ¿Realmente seleccionamos al más competente?

¿Realmente seleccionamos al más competente? - Joel Pinto RomeroNo sé si la cosa comenzó realmente con Donald Trump, o fue su show “Estás Despedido” el que encendió en mi esta sensación de que estamos cultivando, queriéndolo o sin querer, una forma inadecuada de evaluar las competencias de las personas que se presentan para una entrevista de trabajo.

Pero definitivamente sí ha sido desde esa época que nosotros hemos podido ser testigos de como este tipo de personajes, reales o ficticios, disfrutan de una importante visibilidad en los medios, incluso, llegando a hacerse muy populares junto con el tipo de programas que desarrollan, en los que se somete al ridículo o situaciones límite a personas que simplemente están aspirando llegar a algo mejor en sus vidas profesionales.

Esta semana se me terminó de derramar el vaso, cuando leí en la prensa española acerca del caso de Clío Almansa en el artículo titulado “¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para conseguir el trabajo?” (el vínculo te lo dejo más abajo). Clío es una joven de 22 años que fue sometida a una prueba estúpida y humillante durante un proceso de selección de personal, que le costó una lesión en la espalda y una larga baja, luego de haber conseguido el fulano trabajo.

Gracias a Dios, y a Internet, su caso ha logrado tener muy buena visibilidad y podría convertirse en un importante llamado a la reflexión para empresarios como tú y yo. Por lo menos, yo espero que así sea y esta es mi contribución 😀

 

¿Qué monstruo es el que estamos creando?

 

¿Qué nombre le podemos poner a ese personaje arrogante, engreído, pervertido que le suelta sin más lo que le viene a la mente a una persona que, sencillamente, está buscando una oportunidad para conseguir un trabajo decente y ganarse la vida?

¿Es realmente necesario llevar a la persona hasta el límite de su dignidad para ver lo que es capaz de hacer o cómo responde?

Porque una cosa es dirigir una entrevista de selección que te permita descubrir los talentos y cualidades no tan visibles de una persona, haciendo las preguntas correctas, los tests y pruebas más adecuados, y otra cosa – completamente diferente – es convertir el propio proceso de selección en una lucha a muerte entre los candidatos, con la única justificación de que la persona que más necesite el trabajo, será la que esté dispuesta a rebajarse más para conseguirlo.

Detrás de ti hay cincuenta como tú dispuestos a hacer lo que sea por tener este trabajo

¡De esa manera no se descubre nada!

Muy al contrario, me parece a mí que es sencillamente una demostración de poder innecesaria y poco digna de parte del empleador. Es simplemente decirle a la persona: “El puesto de trabajo lo tengo yo, el que lo necesita eres tú, así que j…..”

Estamos claro que la situación actual obliga a muchos a aceptar condiciones de trabajo que, en otras circunstancias, ni siquiera se plantearían. Eso lo tengo claro, porque incluso me ha tocado vivirlo a mí personalmente.

Sin embargo, creo que es un buen momento (o debería serlo) para desterrar ciertas prácticas viciadas y no productivas de las que nos hemos contagiado.

Un empleado con malas condiciones laborales, nunca alcanzará su máximo potencial ni hablará bien de tu empresa.

Viendo la tele hace algunos días, me enteré del caso de una persona discapacitada, que tiene un trabajo a turno completo, de 10 de la noche a 6 de la mañana, con contrato a medio tiempo y cobrando 400 € mensuales. ¡¿Increíble?!

Pues yo me quedé tan sorprendido como tú: Discapacitada, turno completo, nocturno, sin horas extras, 400 euros al mes (y ya no pensemos en la legalidad o no de su contrato de medio tiempo con 8 horas de labor)

¿Hacia dónde vamos?

 

¿Qué queda entonces para nuestros hijos, y para los hijos de ellos?

 

Y este es un punto acerca del cuál te quiero invito a reflexionar: ¿Te hace ilusión el hecho de que te estés esforzando enormemente para darle a tus hijos una buena educación, para que el día de mañana pasen por situaciones como la que vivió Clío?

¿Les estás mandando a la Universidad para que luego sean escogidos para los trabajos, no por lo que valen profesionalmente, sino por lo mucho que estén dispuestos a rebajarse y satisfacer el morbo de otros?

A mí, sinceramente, no me hace ilusión en lo absoluto.

Las competencias profesionales deben medirse por la capacidad de la persona para hacer un trabajo dado, no por su necesidad.

Y este quiero que sea mi pequeño aporte para un tema que cada día está afectando a más y más personas, algunas cercanas, otras no tanto. Desde este rincón del ciberespacio, te invito a conversar un poco acerca de esto: ¿Estás realmente contratando a las personas que están mejor capacitadas para hacer el trabajo? ¿O te estás dejando llevar por esos personajes grotescos que aparecen en los medios?

Aquí te dejo el vínculo para que disfrutes del vídeo “El Candidato”, un programa que puso en marcha Heineken para la contratación de personal, en el que se muestra como se puede medir la reacción de las personas que buscan trabajo ante situaciones inesperadas. OJO: Las situaciones son inesperadas, no humillantes como el caso de Clío Almansa.

Heineken – “El Candidato”

 

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